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Cuando su cuerpo comenzó a temblar (PÁNICO)

Su cuerpo llevaba temblando 1.825 días, con todo lo que ello supone. Durante 1.825 días, su amígdala cerebral había recibido, una y otra vez, la misma señal: peligro. Veinticuatro horas al día. Ella no sabía exactamente qué le estaba sucediendo. Durante mucho tiempo llegó incluso a temer por su propia cordura. Hasta que, finalmente, un diagnóstico puso nombre a aquello que llevaba años sintiendo y, de alguna manera, trajo un poco de luz a su vida. —Trastorno de angustia. —Trastorno de pánico. —Agorafobia. Pero para llegar hasta allí había que volver al principio. Todo comenzó cuando murió Él. Le costaba muchísimo decirlo. Murió. Durante mucho tiempo utilizó eufemismos para nombrar lo innombrable: «se fue», «nos dejó»… Qué ironía. Parecía que la decisión de morir la hubiese tomado Él por voluntad propia, cuando nada más lejos de la realidad. Precisamente aquella muerte fue el detonante. El miedo inundó primero su corazón y, más tarde, su cerebro. Y entonces suc...

Ojala una vida INEXACTA AL 90%

No le gustaba que se le subiera el vino a la cabeza. Ese mareo que la invitaba a salir de su propio cuerpo. Los recuerdos se agolpaban en su dañada memoria y, desde que había leído que los recuerdos son inexactos en un noventa por ciento, los miraba con escepticismo. Y su piel le susurraba: —A lo mejor el día que él se golpeó la frente con el pico de la mesa, después de tropezar con la alfombra, fue inexacto. —O el día que estrelló su coche contra el semáforo de la calle Capitán Blanco Argibay también fue inexacto. Ojalá sus recuerdos fueran inexactos al cien por cien. Desde luego, tendría en su cuenta bancaria una cifra múltiplo de cinco. Pero eso también era inexacto. La cifra era la de su terapeuta. Intentar llegar a los lavabos aquella noche estaba resultando harto difícil. Huelga decir que los tacones de aguja no ayudaban. Su menudo cuerpo no conseguía mantener el equilibrio. Pero eso solo lo sabía ella. Había tanta gente en el local que, sin proponérselo, ...

NUNCA FUE TAN SENCILLO

Nunca fue tan sencillo Siempre habrá días en los que las lágrimas vuelvan a agolparse, dispuestas a recorrer, una vez más, el camino tantas veces transitado hasta la comisura de mis labios. Y será precisamente en esos días cuando más me quiera. Porque el modo de amarme cambia según la necesidad. Llorar sin un porqué también sana.  Quizá no lo sepas, pero el cuerpo tiene memoria, y muchas veces lo que hoy duele es el eco de un dolor que un día quedó sin nombre. Entonces comienza un viaje voraz.  Un recorrido que acompaña a cada lágrima hasta encontrar respuestas para preguntas que nunca supiste formular. Una serena introspección que, apenas cierras los ojos, va silenciando el miedo. Aprender nunca es sencillo.  Sanar, en cambio, es demoledor. Abraza la incertidumbre. Abraza la tristeza. Y, cuando aparezca, también el hastío. Cubre tus recuerdos con un amor indómito y permítete reconciliarte con ellos. Giro, como en una escena de Otero, y, a vista de pájaro, todo ...

QUERIDA DIARIA :

QUERIDA DIARIA:  Acabo de caer en la cuenta de que en mis entrañas habita una inmensa actriz. - Ay Mari , te lo llevo diciendo diaria tras diaria, pero nunca me escuchas. - LLevas toda la razón, nunca te escucho , prosigo. Estaba viendo un vídeo del momento en que una mujer veía por primera vez  la ecografía de su bebé ,tan claramente como si lo tuviera en brazos. - Que momentazo, no? - La mujer lloraba de alegría ( la pobre no sabe lo que le queda por llorar), observaba sus manitas con sus 5 deditos, sus piececitos también repletos de 5 deditos, incluso creo que guiñaba un ojo. - Y todo esto que tiene que ver con la actriz que habita en ti. - No solo una actriz, una grandísima actriz con un premio Feroz como mínimo. Recuerdo perfectamente mi primera ecografía, allá por el 96. Tumbada en la camilla,  la tripita al aire y el maromo sosteniendo mi mano (creo que esa fue la primera y la última vez que lo hizo). Expectantes al monitor. Se levanta el telón y aparece un fundido...

PRELIMINARES

                                                                         PRELIMINARES  Sus manos parecía que sostenían su cuerpo, apoyada con firmeza en la barandilla, desde dónde disfrutaba de unas increíbles vistas al Mar Cantábrico.  No podía por más que contener el aliento mientras oía a su espalda sus pasos que anticipaban sus besos.  Su cuerpo le rogaba insistentemente a su mente que se rindiera, pero no podía hacerlo  sin presentar batalla, aunque fuera mínima .  Cuando sintió su yergo cuerpo unido al suyo y sus cálidas y firmes manos recorrieron el camino,  que antes habían recorrido  las suyas ,hasta atraparlas suavemente, no pudo contenerse.    Suspiró con todo su cuerpo  y el corazón comenzó a latirle de forma errática mientras su al...

NAÚFRAGA

  ¿Imaginas qué puede suceder cuando tu vida naufraga? No existe imaginación suficiente que alcance a describir lo que sucede.  Tu vida naufraga... y tú te hundes con ella. Te hundes hasta lo más profundo de las profundidades, a ese lugar donde respirar ya no es una elección, ni siquiera una posibilidad. Todo está cubierto por una inmensa oscuridad que exhala tristeza, apatía, miedo y pérdida.  Y tú te pierdes en ella hasta dejar de reconocerte. Pues en esa puta locura estaba una servidora: ahogada por el miedo, la culpa y la ira.  Tu subconsciente intenta enviar mensajes en una botella; no sé muy bien para quién, pero la botella se hunde igualmente... Hasta que un día, después del decimoquinto sándwich de Nocilla, te ves reflejada bajo una tenue luz y no te reconoces.  Reparas en las profundas ojeras que rodean tus ojos, en esa mirada repleta de angustia, y sientes una inmensa compasión. Te incorporas y la mujer lo hace contigo.  Te atusas el pelo y e...

ZONA BATIAL

Comenzó a escribir cuando se encontraba en lo más profundo de su océano interior justo en  su zona batial donde tampoco llegaba la luz del Sol. Estaba convencida de que un tsunami la arrastró hasta allí porque su cuerpo estaba dolorido y amoratado.  Desde ese lugar no veía a nadie y ella tampoco podía ser vista.  Alguna vez le llegaban ecos de conversaciones ajenas con sonidos guturales en los días de bajamar.  Comenzó a olvidar su nombre, su risa y su propia voz mientras todo se transformó  a blanco y negro.  Cuanto tiempo pasó es un misterio, podía adivinarlo por los cambios en su cuerpo entumecido por el agua salada, pero sólo serían conjeturas.  Solo recuerda que un día se cruzó en su mirada un pequeño pez payaso de vivos colores y sus ojos se abrieron mostrando  asombro  e intentó dibujar una sonrisa en la comisura de sus labios.   Aquella pequeña señal la invitó a mirar hacia la superficie y volvió a sonreír .