Lo primero que piensa cuando pronuncia su nombre, ALICIA , es que no habría podido llamarse de otra manera. Le gusta por muchas razones. Porque suena melifluo, casi como una melodía que se desliza despacio. Porque sus letras suman un número par, el seis. Porque empieza y termina con la misma letra, la A . La primera vocal. La primera letra del abecedario. Como si su nombre fuese un círculo perfecto que siempre regresa al origen. Durante años guardó algunas partes de sí misma bajo llave. Permanecían ocultas en un rincón al que nunca se atrevía a entrar. Después de meses de terapia, aquella puerta terminó por abrirse. Al otro lado no encontró respuestas definitivas, sino un territorio desconocido que también le pertenecía. La llave, grande y de hierro forjado, se la entregó el psicólogo el día que pronunció una frase que ella creía imposible. —Alicia, eres una persona excepcional. No imaginó que aquella llave pesara tanto al sostenerla entre las manos. —¿Pesa...
Relatos personales sobre esos días , los soleados y los llenos de tormentas. Y como sobrevivir a todo eso que es la Vi D A