¿Imaginas qué puede suceder cuando tu vida naufraga?
No existe imaginación suficiente que alcance a describir lo que sucede.
Tu vida naufraga... y tú te hundes con ella.
Te hundes hasta lo más profundo de las profundidades, a ese lugar donde respirar ya no es una elección, ni siquiera una posibilidad. Todo está cubierto por una inmensa oscuridad que exhala tristeza, apatía, miedo y pérdida.
Y tú te pierdes en ella hasta dejar de reconocerte.
Pues en esa puta locura estaba una servidora: ahogada por el miedo, la culpa y la ira.
Tu subconsciente intenta enviar mensajes en una botella; no sé muy bien para quién, pero la botella se hunde igualmente...
Hasta que un día, después del decimoquinto sándwich de Nocilla, te ves reflejada bajo una tenue luz y no te reconoces.
Reparas en las profundas ojeras que rodean tus ojos, en esa mirada repleta de angustia, y sientes una inmensa compasión.
Te incorporas y la mujer lo hace contigo.
Te atusas el pelo y ella también.
Te tocas la punta de la nariz y la mujer repite el gesto.
Y, de repente, tomas conciencia de que esa mujer ojerosa, triste y ahogada... eres TÚ.

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