Cuando la demencia llega, siempre es para quedarse. Se instala de a poquito, como con mi madre. Y después, o se sostiene o se convierte en un tsunami que arrasa con todo. Te arrebatan a la persona dos veces: cuando llega la enfermedad y cuando, por fin, descansa. Y en ninguna de las dos ocasiones puedes despedirte. Ya no habitas en su universo. Ni siquiera ella tiene ya un universo propio. Yo sigo hablando con mi madre, pero siempre obtengo la misma respuesta: —Ah, pues no me acuerdo. Después de aquella gran catarsis que puso patas arriba mi vida, mis creencias, mi imaginario, mis límites, mi amor hacia mí misma y mi perfeccionismo cruel, me quedaron muchas interrogantes sin respuesta. Y emprendí un largo camino por el que llevo transitando ya trece años, y los que vendrán. Un camino en el que aprendí a vislumbrar a mi madre como mujer, no solo como madre o esposa. Vi a la esposa, a la hija, a la hermana, a la peluquera. Y fui consciente de que nun...
[ Música inquietante. Una playa de Cádiz. Niños jugando. Gaviotas. El mar en calma.] NARRADOR: Todo parecía normal. Era agosto. El sol brillaba. La temperatura era perfecta. Y ella solo quería cinco días de playa. Lo que no sabía… es que sus ovarios llevaban meses preparando el crimen perfecto. Porque cuando mis ovarios escuchan la palabra vacaciones… comienza la matanza. No se equivocan. No se adelantan. No se retrasan. Calculan, como si hubieran estudiado en Harvard. Analizan el calendario. Estudian mis planes. Esperan. Y, después de una precisión casi sobrenatural, eligen exactamente los cinco días que estaré en la playa. Día 1. Sol. Arena. Bikini. Todo parece normal. Nada. Empiezo a relajarme. Quizá este mes… quizá esta vez… Día 2. Una ligera molestia abdominal. Ignoro las señales. Como haría cualquier persona racional que está de vacaciones. Me despierto con una certeza inexplicable. Algo ha ocurrido. Me levanto lentamente. Camino hasta el baño. Bajo la ropa interior. ...