[ Música inquietante. Una playa de Cádiz. Niños jugando. Gaviotas. El mar en calma.] NARRADOR: Todo parecía normal. Era agosto. El sol brillaba. La temperatura era perfecta. Y ella solo quería cinco días de playa. Lo que no sabía… es que sus ovarios llevaban meses preparando el crimen perfecto. Porque cuando mis ovarios escuchan la palabra vacaciones… comienza la matanza. No se equivocan. No se adelantan. No se retrasan. Calculan, como si hubieran estudiado en Harvard. Analizan el calendario. Estudian mis planes. Esperan. Y, después de una precisión casi sobrenatural, eligen exactamente los cinco días que estaré en la playa. Día 1. Sol. Arena. Bikini. Todo parece normal. Nada. Empiezo a relajarme. Quizá este mes… quizá esta vez… Día 2. Una ligera molestia abdominal. Ignoro las señales. Como haría cualquier persona racional que está de vacaciones. Me despierto con una certeza inexplicable. Algo ha ocurrido. Me levanto lentamente. Camino hasta el baño. Bajo la ropa interior. ...
Nunca fue tan sencillo Siempre habrá días en los que las lágrimas regresen, obedientes a una llamada antigua, para recorrer, una vez más, el sendero que conocen de memoria hasta la comisura de mis labios. Y será en esos días cuando más me abrace. Porque el amor hacia uno mismo no siempre viste el mismo traje; cambia de forma, de voz y de refugio según la herida que reclame ser mirada. Llorar sin un motivo aparente también es un lenguaje del alma. El cuerpo guarda una memoria silenciosa, una biblioteca de cicatrices invisibles. Y a veces, el dolor de hoy no es más que el susurro de un ayer que nunca encontró descanso. Entonces comienza el viaje. Las lágrimas dejan de ser agua para convertirse en brújula. Me conducen hacia lugares donde las respuestas existían mucho antes de que supiera formular las preguntas. Cierro los ojos. Y en esa oscuridad serena, el miedo pierde el nombre y la calma empieza, despacio, a pronunciar el mío. Aprender duele. Sanar también. Pero ...