" EL GALARDONADO" Sabía que tenia que ir y esa certeza convivía con unas ganas completamente inexistentes. Era la primera vez que entregaba un premio a la trayectoria profesional en el marco de una cena benéfica. Ni siquiera sabía quién era el premiado. La bañera estaba a punto de desbordarse así que cerró el grifo con cuidado. El nivel del agua era el justo. Había calculado con precisión el volumen que desplazaría su cuerpo. Introdujo primero el pie derecho luego el izquierdo y despacio se sumergió. El agua estaba a la temperatura exacta. Había añadido aceite esencial de jazmín, el mismo que compró en un viaje a Marruecos. No era la primera vez que lo usaba; conocía perfectamente el aroma que después quedaría prendido en su piel. Cerró los ojos y durante unos minutos se permitió el silencio y la compañía de Van Morris...
Mentiras, todo era mentira, ella no era esa mujer que había imaginado habitante de una vida en equilibrio, donde el sol nunca se eclipsa. No anhelaba autenticidad sino una perfección pulida y ajena, y tuvo que aceptar que jamás sabría habitarla. En su vida se acumulaban más tormentas de las que su cuerpo enjuto podía sostener. Su piel, ya corácea, había aprendido tarde que no todo tsunami se absorbe, algunos solo dejan cicatriz. La mujer en la que se estaba convirtiendo le resultaba extraña: áspera, cansada y gorda. No había marcha atrás. Solo quedaba abrazarla o arrojarla al vacío, una idea que regresaba con la puntualidad del desencanto. Pero incluso para eso le faltaba coraje. Hurgar en su propio abismo para sanar, creer que debía salvarse sola, la condenaba a una lenta rendición; un calvario prolongado llamado vida. Esa mañana despertó entumecida, sin la seguridad de haber dormido: ni bien ni mal, que era casi peor. Sopesó saltar durante un minuto, como había vist...