Estábamos todos listos para ir a la playa menos Roma. —¡Romi, vamos! —¡Ya estoy! ¡Dos minutos! Macarena había reservado mesa en un chiringuito, así que el plan era sencillo: pasar el día entero junto al mar. Fuimos caminando entre conversaciones que se abrían y se cerraban como las olas. A veces el grupo avanzaba unido; otras, se fragmentaba en pequeños universos de confidencias. Hasta que Nora terminó caminando a mi lado. —Te veo pensativo, Jon. —¿Yo? Bueno... no más de lo habitual. (Ojalá encontrara el valor para decirte todo lo que llevo días callando). Sus ojos color chocolate parecían transformarse bajo la luz del sol. Llevaba el pelo recogido en un moño descuidado que dejaba su cuello completamente al descubierto. (Ay, ese cuello...) —¿Te gusta mi vestido? La pregunta quedó suspendida mientras ella improvisaba uno de sus pequeños bailes absurdos que siempre conseguían hacerme sonreír. Claro que me gustaba. El vestido verde resaltaba sobre su piel bronceada...
MI REM SE FUE DE FESTIVAL QUERIDA DIARIA: Quién me iba a decir a mí que mi noche de Halloween iba a resultar tan ajetreada. —¿No me digas que al final fuiste a una fiesta de terror? De esas con disfraces pa cagarte las patas abajo. —Pero Mari, ¿cuándo he ido yo a una fiesta de disfraces que no fuera por obligación? —Nunca, es verdad. ¿Tú estás segura de que tu madre es de Cai? Porque por tus venas debería correr sangre de carnaval. —Tan segura como de que también corre sangre de Bretó. Ya sabes: si bebes, no mezcles. Nada de disfraces. Nada de películas de terror que siempre suceden en Kansas City o en cualquier pueblo perdido donde la cobertura llega después que el asesino. Nada de sustos detrás de la oreja. Total, son más previsibles que una factura de la luz. Como decía mi padre: —¡No bajes al sótano! ¡No bajes, que ya no subes, mante! —Ay, Mari, qué tiempos aquellos. Cuando nos llamaba "sagitarias" y, por más que le explicábamos que venía de ...