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Querida vida: TU Y YO TENEMOS PENDIENTE UNA HOSTIA DIALÉCTICA

QUERIDA VIDA: No sé si alguien te lo habrá dicho alguna vez, pero a ratos eres bastante tocahuevos. Y te lo digo desde el cariño, ¿eh? Bueno… desde un cariño raro. De ese cariño que siente una cuando mira el extracto del banco después de haber pedido “solo una cosita” por internet. Porque mira, querida vida, yo contigo tengo sentimientos encontrados. Muy encontrados. Como mis ganas de madrugar y mi necesidad de pagar facturas. Y hoy especialmente has decidido ponerte creativa. Porque una cosa es ponerme pruebas y otra muy distinta es organizarme una gymkana emocional diaria como si fueras la directora de los Juegos del Hambre versión menopausia. Te digo una cosa, así en petit comité, ahora que no nos escucha nadie: — Que tú lleves una talla 38 me parece fenomenal. Te felicito muchísimo. Ahora bien, explícame cómo funciona este reparto, porque si tú eres mi vida, no entiendo por qué tú vas por ahí con cuerpo de actriz francesa y yo tengo el metabolismo de una croqueta sindic...
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LOS DIAS EN QUE MAMÁ VUELVE

Cuando padeces deterioro cognitivo, pasas a protagonizar una especie de cortometraje extraño donde los personajes son nuevos para ti… y tú misma también. A veces eres interpretada por una actriz que tiene tu voz, tus gestos y hasta tus manías, pero otro rostro. Uno que no reconoces. Te miras al espejo y piensas: “esa señora no soy yo”. Y, desde luego, no es la protagonista que recordabas. Lo vivo con mi madre. Cada día. A veces, cada hora. Los cambios asustan por la velocidad con la que se encadenan. Su pelo rubio ceniza se ha quedado solo en ceniza. También desaparecieron sus rizos, sustituidos por un liso rebelde y encrespado que parece vivir enfadado con el mundo. Mi madre fue peluquera toda su vida. Ella me hizo mi primera permanente y también cortó, sin temblarle el pulso, mi larguísima melena después de mi Primera Comunión, cuando decidí que quería el look de Ana, la de Enrique y Ana. Las que no nacisteis en los 80 quizá necesitéis contexto: Ana llevaba el pelo ...

MI MADRE Y EL CONTROL OFICIAL DEL FELPUDO.

Hay días en los que los guionistas que han alquilado el cerebro de mi madre —como si aquello fuera un Airbnb neuronal— deciden darle unas pinceladas de humor a su día. Y, de paso, destrozar el mío. ¿Y por qué digo esto? Os lo explico. El martes pasado —aunque perfectamente podría haber sido jueves, porque con estas cosas el tiempo pierde todo el sentido— se le escapó el pipí. A pesar de las súper-bragas absorbentes que le he comprado. O sea: pañal premium con marketing bonito. Tocó cambiar sábanas, empapadores, pijama y llevarla a la ducha. Y esta fue la escena. —Mamá, te tienes que duchar. —No, no me ducho. —Mamá, se te ha escapado el pipí, hay que ducharse porque luego huele mal. —Que no, que no huelo mal —dice mientras se vuelve a meter en la cama como una croqueta humana. Yo, intentando mantener la dignidad familiar: —Mamá, tú nunca has sido sucia y no vamos a empezar hoy. —Bueno, pues empezamos hoy. Fantástico. La escena transcurre en el baño. Puerta cerra...

CRÓNICA DE UN SATISFAyER ANUNCIADO

No fue una decisión fácil, le dimos muchas vueltas, sobre todo mi contrario, también conocido como el maromo. Ya éramos muchos en la familia, entre los niños y las perras, eso es verdad, pero esto era diferente, muy diferente.  Desde luego no iba a necesitar que le dieran de comer ni que le sacaran de paseo… aunque después de leer las instrucciones tampoco descartaba tener que contratarle un adiestrador. El maromo estaba inquieto, yo diría que hasta preocupado.  Él, como buen Leo, quería ser el jefe de la manada y no conseguía convencerle de que eso no cambiaría.  Nadie iba a ocupar su lugar… y menos el nuevo miembro, que además venía sin carnet de conducir, sin opinión política y con un sospechoso silencio permanente. —No sé… es que es una decisión importante, puede cambiar nuestras vidas… (Sobre todo la mía, pensé yo.) —Lo sé, maromo, pero nuestras vidas van a cambiar a mejor. Hay que aceptar los cambios como algo bueno.  Es un paso hacia delante, ...

LOS REYES MAGOS Y LOS ESTORNUDOS DE LA MUERTE.

Había decidido que descansaría todo el día. Su cuerpo estaba exhausto. El leve dolor de garganta de la mañana había evolucionado hasta convertirse en una auténtica venganza medieval: cada vez que tragaba saliva, una legión de alfileres sin cabeza organizaba un aquelarre en su laringe. Después llegó el insistente dolor de cabeza, acompañado de estornudos, siempre de tres en tres.  Desde luego, no era ese el trío que tenía pensado para empezar el año. Intentaba leer entre cabezada y cabezada, mientras los estornudos le provocaban un movimiento espasmódico de cuerpo entero, seguido de un lagrimeo incesante: primero el ojo derecho, luego el izquierdo, como si ambos hubiesen decidido turnarse el drama. No podía concentrarse.  Llevaba quince minutos atrapada en la misma página, leyendo y releyendo cada palabra, pero en su mente las frases giraban sin compasión, mezclando sujetos, predicados y hasta tiempos verbales.  Si alguien le hubiese preguntado qué acababa ...

DE TI LO RECUERDO TODO

                        CAPÍTULO 1 El verano comenzó cálido, pero a finales de julio el calor se volvió espeso y sofocante. Se pegaba a la piel como un amante pesado, dejándola dulzona, brillante, mientras el sudor hacía el resto. Aun así, aquel verano prometía calma.  Nada de playa, ni festivales en Benicasim, ni inter raíles improvisados con belgas de Erasmus y resacas emocionales.  Necesitaba encontrar equilibrio. Apaciguar el ruido de su cabeza. Llenarse el alma.  Volver a ese lugar donde sólo las amigas de verdad saben tocarte: ese rincón exacto donde una se rompe y se recompone al mismo tiempo. Nos conocimos en verano, allá por 1999.  Un verano pletórico.  Los quince años tienen eso: un presente rebosante de futuros. Futuros escondidos en las retinas, agazapados tras las risas, las tardes sentadas en las escaleras de la farmacia o en el patio de las escuelas.  Veranos que parecí...

LA PUÑETERA AMIGDALA CEREBRAL

El día amaneció lluvioso, con esa lluvia fina que a primera vista parece poca cosa, pero que dos horas después te deja calada hasta el ADN. Vamos, lo que viene siendo un calabobos de manual. Me desperecé en mi pequeño habitáculo, cortesía de la Madre Naturaleza, dentro del lóbulo temporal medial. No quiero presumir, pero aunque tenga el tamaño de una canica, ya lo dice el refrán: pequeña, pero matona. Antes de seguir charlando necesito un café doble. Expreso, si puede ser. No he pasado buena noche, la verdad. Luego me arreglaré para ir a trabajar. Sí, ya sé que no salgo de casa ni ficho en una oficina, pero necesito entrar en “modo trabajo” y luego poder desconectar. Por eso NO PUEDO TRABAJAR EN PIJAMA. —¿Qué cuál es mi trabajo? Muy sencillo: evalúo tu entorno y extraigo información ultrarrápida sobre todo lo que te rodea. Detecto riesgos y amenazas. Es verdad que a veces tengo el día tontorrón y la amenaza en cuestión resulta ser una señora paseando al caniche o u...