El día amaneció lluvioso, con esa lluvia fina que a primera vista parece poca cosa, pero que dos horas después te deja calada hasta el ADN. Vamos, lo que viene siendo un calabobos de manual. Me desperecé en mi pequeño habitáculo, cortesía de la Madre Naturaleza, dentro del lóbulo temporal medial. No quiero presumir, pero aunque tenga el tamaño de una canica, ya lo dice el refrán: pequeña, pero matona. Antes de seguir charlando necesito un café doble. Expresso, si puede ser. No he pasado buena noche, la verdad. Luego me arreglaré para ir a trabajar. Sí, ya sé que no salgo de casa ni ficho en una oficina, pero necesito entrar en “modo trabajo” y luego poder desconectar. Por eso NO PUEDO TRABAJAR EN PIJAMA. —¿Que cuál es mi trabajo? Muy sencillo: evalúo tu entorno y extraigo información ultrarrápida sobre todo lo que te rodea. Detecto riesgos y amenazas. Es verdad que a veces tengo el día tontorrón y la amenaza en cuestión resulta ser una señora paseando al caniche...
TODO MAL GRACIAS "Entendía todas las posturas, menos la suya. La empatía se le había desbordado hacia tiempo y ya no había forma humana de meterla otra vez en cintura. Intentaba domarla como quien intenta amansar un caballo salvaje aunque no tenía ni puta idea de doma ni, siendo sinceros , de caballos. Pero allí seguía, arrastrada por sus emociones como una amazona sin silla y sin dignidad. Se despertaba siendo Alicia y, a medida que avanzaba el día, las personalidades iban turnándose el volante sin pedir permiso. -¿Pero que cojones le pasaba al corrector? - murmuró. Intentaba escribir un relato y el muy cabrón solo subrayaba como incorrectas las palabras en femenino. Bueno y los tacos también . Aunque, siendo justos, una vida sin tacos, era como un pan sin sal: comestible si, pero tristísimo. Desde que había leído en algún sitio que decir palabrotas era síntoma de inteligencia ,soltaba más "joder" por mi...