No recordaba cuándo ese banco se convirtió en su sitio preferido. Era un banco normal , de madera oscuro, seguramente pino del pais, con las patas de hierro forjado , asi como los reposa brazos. Podían sentarse sin mucho problema tres personas, pero ya sabemos lo que sucede, si te sientas tu nadie suele compartir el banco contigo. Le llegaban los rayos justos de sol durante el verano y los menos justos en invierno. En las primeras horas del día el olmo que tenía a su derecha lo cubría de una leve sombra que según iban pasando las horas cambiaba al ritmo del Sol. La brisa en verano era dulzona y suave, su cuerpo lo agradecía estremeciéndose. En Invierno solía necesitar una fina bufanda que cubriera su pecho. Podía pasarse horas, sentada, leyendo, observando, reflexionando, a veces todo en un solo día, otras veces en varias tardes alternas. Cuando la calma habita en tu interior no hace falta más. Estaba lo suficientemente cerca del parque para poder oir el canto de las ....ultimame...
Relatos personales sobre esos días , los soleados y los llenos de tormentas. Y como sobrevivir a todo eso que es la Vi D A