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Mostrando entradas de febrero, 2023

ZONA BATIAL

Comenzó a escribir cuando se encontraba en lo más profundo de su océano interior justo en  su zona batial donde tampoco llegaba la luz del Sol. Estaba convencida de que un tsunami la arrastró hasta allí porque su cuerpo estaba dolorido y amoratado.  Desde ese lugar no veía a nadie y ella tampoco podía ser vista.  Alguna vez le llegaban ecos de conversaciones ajenas con sonidos guturales en los días de bajamar.  Comenzó a olvidar su nombre, su risa y su propia voz mientras todo se transformó  a blanco y negro.  Cuanto tiempo pasó es un misterio, podía adivinarlo por los cambios en su cuerpo entumecido por el agua salada, pero sólo serían conjeturas.  Solo recuerda que un día se cruzó en su mirada un pequeño pez payaso de vivos colores y sus ojos se abrieron mostrando  asombro  e intentó dibujar una sonrisa en la comisura de sus labios.   Aquella pequeña señal la invitó a mirar hacia la superficie y volvió a sonreír .

EL CUCO

 Cuando oyes hablar del cuco, tu primer pensamiento se dirige irremediablemente al reloj que tenía tu abuelo en la sala de estar. Ese al que daba cuerda todos los días, a las nueve en punto, y que cada hora dejaba salir al pájaro para cantar las horas con un sencillo cucú, cucú. Lo que desconocía entonces, y aprendí mucho más tarde, es que el cuco es un pájaro, pero en el sentido más amplio de la palabra. Un pájaro como ave que vuela y un pájaro como ave que pone sus huevos en otro nido para que sean otros quienes los críen. De primeras, suena a haber entendido el concepto de delegar al 1.000 por 1.000. Pero la historia no termina ahí. Cuando la cría de cuco sale del huevo, su primer instinto es deshacerse de los demás huevos, empujándolos fuera del nido, en caída libre. Todo sea por conseguir que su madre postiza le alimente solo a él. ESTO YA ES DE PRIMERO DE PSICOLOGÍA. No se adivinar cuál, pero el cuco tiene una patología grave. De eso estoy segura. Y, aunque hacer un par...

ENTRAR EN NOSTALGIA

  "Entrar en nostalgia para sentirte capaz" En el último domingo de Enero llegaban los ecos de esa frase que un día que ahora le  parecía lejano,  dijo Jon. Solo pronunciar su nombre le alborotaba las ganas, su cuerpo se estremecía recordando el tacto de su piel, su espesa barba, esa lucidez que hacía juego con su mirada. Pensar que todo fue una casualidad la ponía nerviosa , antes  cabe decir   no creía en las casualidades ni en el azar.   Todo comenzó como un juego de niños donde las trampas estaban permitidas y podías esconderte detrás de tu alter ego para luego volver a recuperar tu mejor partida. Y mira tu por donde. Siempre había escuchado que lo importante era participar pero cuando le sintió tan cerca esa creencia se desvaneció como la nieve en invierno, para creer que con él solo podía ganar.