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Mostrando entradas de junio, 2026

Casualidades en Londres ( Versión unificada y mejorada)

Fue algo completamente inesperado, nuestro primer encuentro en Londres. Cada vez que escucho a Enya regreso, sin remedio, a aquel paseo tranquilo entre casas victorianas de grandes ventanales hexagonales. Fue precisamente delante de una de ellas donde me contaste que Enya había vivido allí. De todo lo maravilloso que ocurrió en ese viaje —incluido tú—, es ese instante el que siempre vuelve a buscarme. Mi corteza prefrontal tiene un sentido de la asociación, como poco, extravagante. Londres me envolvió desde el primer minuto en una atmósfera de niebla y novelas de Jane Austen que ya no me abandonó durante toda la estancia.  Cada calle que recorría, cada letrero, incluso los perros, me parecían distintos. Desde el aeropuerto tomas el Heathrow Express, un tren casi supersónico que conecta con la estación de Paddington en apenas veinte minutos. Fue allí donde te vi por primera vez. Rubio, ojos verdes, jersey de cuello alto color verde musgo y una chaqueta de tweed de ...

El silencio de las doce.

El silencio de las doce. Sin pedir permiso, sin pedir perdón, las doce se han convertido en mi hora bruja. Es la hora en la que la casa por fin calla y mi soledad, esa que durante el día tanto añoro, me arropa. Un piano interpreta lo que yo no sé nombrar; la escritura ordena el caos y la meditación me recuerda que también merezco descansar. Hubo un tiempo en el que mi energía apenas rozaba el suelo. Mi cuerpo, exhausto, repetía una única frase: «Tienes que parar.» Y paré. Entonces comprendí que la vida había estado ensayando esta escena desde hacía mucho tiempo. La tristeza dejó de ser un enemigo para convertirse en una maestra. Fue ella quien me acompañó a aceptar el cambio de papel; ese instante en el que, sin darte cuenta, tú te conviertes en madre y tu madre vuelve a ser hija. Ahora cambio pañales cada cinco horas. Me convierto en el bastón que sostiene sus pasos vacilantes. Bañó un cuerpo pequeño y frágil que un día fue fuerte, elegante, lleno de vida. Hidra...

YO NACÍ ANTES QUE GOOGLE

El día parecía que iba menos jodido de lo habitual... Hasta que esta pregunta llegó a mis oídos, pronunciada además con ese tono melifluo que utilizan los hijos cuando están convencidos de que naciste durante la Prehistoria. — M: Mamá, ¿Cuando tú eras pequeña (hace dos días, vamos), qué tutoriales veías? Para decir algo en su favor, M es MILENIAL.  Nació en el año 2000.  Según salió, tiraron un poco del cordón umbilical y apareció un móvil. Tiraron otro poco y salió Instagram. Luego vino Facebook, que se resistía a salir, y detrás YouTube. Aquello fue un espectáculo en el paritorio.  El padre de la criatura y yo no dábamos crédito. Esperábamos que viniera con un pan debajo del brazo y apareció con tarifa de datos ilimitada. Pero bueno, que me lío. Ahí va mi respuesta. — Yo: Pues mira, hija de mi vida, mis tutoriales favoritos eran los de Doña Amparo, la profesora de matemáticas, y los de Don Armando. Eran tan, tan realistas que los tirones de oreja los...

LA DISTANCIA ENTRE DOS DEDOS

Estábamos todos listos para ir a la playa menos Roma. —¡Romi, vamos! —¡Ya estoy! ¡Dos minutos! Macarena había reservado mesa en un chiringuito, así que el plan era sencillo: pasar el día entero junto al mar. Fuimos caminando entre conversaciones que se abrían y se cerraban como las olas. A veces el grupo avanzaba unido; otras, se fragmentaba en pequeños universos de confidencias.  Hasta que Nora terminó caminando a mi lado. —Te veo pensativo, Jon. —¿Yo? Bueno... no más de lo habitual. (Ojalá encontrara el valor para decirte todo lo que llevo días callando). Sus ojos color chocolate parecían transformarse bajo la luz del sol. Llevaba el pelo recogido en un moño descuidado que dejaba su cuello completamente al descubierto. (Ay, ese cuello...) —¿Te gusta mi vestido? La pregunta quedó suspendida mientras ella improvisaba uno de sus pequeños bailes absurdos que siempre conseguían hacerme sonreír. Claro que me gustaba. El vestido verde resaltaba sobre su piel bron...