Estábamos todos listos para ir a la playa menos Roma. —¡Romi, vamos! —¡Ya estoy! ¡Dos minutos! Macarena había reservado mesa en un chiringuito, así que el plan era sencillo: pasar el día entero junto al mar. Fuimos caminando entre conversaciones que se abrían y se cerraban como las olas. A veces el grupo avanzaba unido; otras, se fragmentaba en pequeños universos de confidencias. Hasta que Nora terminó caminando a mi lado. —Te veo pensativo, Jon. —¿Yo? Bueno... no más de lo habitual. (Ojalá encontrara el valor para decirte todo lo que llevo días callando). Sus ojos color chocolate parecían transformarse bajo la luz del sol. Llevaba el pelo recogido en un moño descuidado que dejaba su cuello completamente al descubierto. (Ay, ese cuello...) —¿Te gusta mi vestido? La pregunta quedó suspendida mientras ella improvisaba uno de sus pequeños bailes absurdos que siempre conseguían hacerme sonreír. Claro que me gustaba. El vestido verde resaltaba sobre su piel bronceada...
Relatos personales sobre esos días , los soleados y los llenos de tormentas. Y como sobrevivir a todo eso que es la Vi D A