Es importante saber lo que una necesita para aprender a pedirlo. Porque, a pesar de aquel mantra que nos canturreaban cuando éramos pequeñas: HAY QUE APRENDER A PEDIR. Pedir que nos escuchen. Pedir que nos sostengan cuando ya no podamos más. Pedir tiempo muerto. Pedir espacio. Pedir ternura. Y pedir orgasmos. Sobre todo, orgasmos. Hay días en los que los sentidos están a flor de piel y parecen desbordarse del cuerpo para desembocar directamente en el océano de los pensamientos. Cierras apenas los ojos y sientes la intensidad de un tsunami recorriéndote la boca, entreabierta, descendiendo hasta la lengua, mientras el deseo empieza a tomar las riendas. Y entonces recuerdas que también hay que pedir. Pedir que sus labios susurren despacio, muy cerca del lóbulo de tu oreja, acompañados por esa lengua que conoce el camino. Que desciendan por tu cuello desnudo y se detengan en tus labios, que esperan, ávidos de deseo, esa ardiente coreografía tantas veces ensayada ent...
Relatos personales sobre esos días , los soleados y los llenos de tormentas. Y como sobrevivir a todo eso que es la Vi D A