Nunca fue tan sencillo Siempre habrá días en los que las lágrimas regresen, obedientes a una llamada antigua, para recorrer, una vez más, el sendero que conocen de memoria hasta la comisura de mis labios. Y será en esos días cuando más me abrace. Porque el amor hacia uno mismo no siempre viste el mismo traje; cambia de forma, de voz y de refugio según la herida que reclame ser mirada. Llorar sin un motivo aparente también es un lenguaje del alma. El cuerpo guarda una memoria silenciosa, una biblioteca de cicatrices invisibles. Y a veces, el dolor de hoy no es más que el susurro de un ayer que nunca encontró descanso. Entonces comienza el viaje. Las lágrimas dejan de ser agua para convertirse en brújula. Me conducen hacia lugares donde las respuestas existían mucho antes de que supiera formular las preguntas. Cierro los ojos. Y en esa oscuridad serena, el miedo pierde el nombre y la calma empieza, despacio, a pronunciar el mío. Aprender duele. Sanar también. Pero ...
Relatos personales sobre esos días , los soleados y los llenos de tormentas. Y como sobrevivir a todo eso que es la Vi D A