El sudor recorría mis muslos, avanzando desde mi nuca, a un ritmo véloz. Pequeñas gotas que inundaban mi cama y conseguían hundirme en las profundidades de mis sueños más estrambóticos. Tube que nadar a contracorriente, nadar hacía la luz, necesitaba respiar, tan solo una bocanada de aire fresco. Al despertar mi corazón continuaba con el ritmo acelerado, palpitaba desbocado, hasta que mi respiración cogió las riendas y mis pálpitos se acompasaron , hasta pasar del galope al trote y por fín parar. Me froté los ojos , con fuerza virulenta, quería borrar todo resto de ese sueño atroz, aterrador. Y poco a poco volví a la realidad, a mi realidad. El despertar al nuevo día fué más violento de lo que hubiera deseado. Pero a pesar de todo el nuevo día estaba alli. De pie, delante del armario mi mente recorría todos las posibilidades y ninguna incluía colores vivos. Negro sobre negro, a juego con el ánimo de ese estúpido día. Alargé mi mano derecha para descolgar el fino...
Relatos personales sobre esos días , los soleados y los llenos de tormentas. Y como sobrevivir a todo eso que es la Vi D A