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MIS ÁRBOLES ESCUPEN



Mis árboles escupen.

 Desayuno en el jardín, en mi rincón cubierto por la sombra, hasta las once y media, más o menos. 
A esa hora bajo las persianas de mi dormitorio, entonces la sombra cambia de ubicación. 

Unos escupen flores y otros conos. 

A este último, en particular, se le escucha masticar antes de escupir.
 Hoy debería barrer el jardín. En realidad barro casi todos los días. 

Me encanta barrer .
 A mi espalda no.

 Luego pasa toda la mañana y parte de la tarde gruñendo.

 Hoy el día asoma oscuro, o con un matiz oscuro. Es habitual que tenga días oscuros.  No todos mis días pesan igual.

 

Mamá tiene deterioro cognitivo. Su madre tuvo demencia, su hermana pequeña tuvo demencia, su hermana mayor tiene demencia, así que dos más dos, ocho. 

Preparo cuatro churros en la air-frIer. Nescafé con leche y sacarina. Subo a su casa, lo dejo en la mesa de la cocina. Cojo del último estante de la rinconera la pastilla de la tensión. 

Me dirijo a su dormitorio. Entro en su baño, abro la ventana de par en par -en cuanto pueda ella la cerrará-. 
Bajo la tapa del váter, tiro de la cadena. Recojo del bidé el pañal sucio y los restos de papel higiénico que ha ido dejando durante la noche.
 Voy a la zona de la cama. Abro la puerta que da al jardín para ventilar, no sin antes quitar las tres pinzas que sujetan las cortinas. 

Su persiana está rota. 
Ella la rompió. 

Cogió una escalera. La apoyó  en el ventanal, de  manera que cada vez que  intentaba bajarla chocaba contra la escalera.
 No una vez.

 Todas las veces que recordaba que quería bajar la persiana. A mamá le gusta la penumbra en verano y en invierno. A mí no. No sé las veces exactas, pero las suficientes para quemar el motor de la persiana. Todas las persianas de la casa son eléctricas. 

Ahora para estar en penumbra cierra las cortinas y las une con tres pinzas. Dos pinzas del pelo y una del tendedero de la ropa.

 Mamá, ya tienes el café!

 Se levanta, se pone el camisón y siempre pregunta: 
¿hace buen día? ¿Qué hora es? .

Se lava las manos y luego a la cocina. Todos los días se ilusiona con los churros, como si fuera la primera vez.
 ¡Anda, churros, qué ricos! 

Su cocina es una cocina fantasma.
 Tiene capada la vitrocerámica.
 No tiene microondas.
 La nevera está vacía.  Es una nevera de dos puertas, fabulosa y vacía.

 Antes del deterioro, mamá... No, además del deterioro, mamá es diabética. Si estuvieras aquí, te lo habría dicho.
" Es que yo soy diabética". 
Es un eslogan que utiliza para todo. 

Mamá tiene 86 años, pero ella quiere tener 60. A mí me parece bien. Yo quiero tener 48. 
Si decides ducharla, te recuerda que es diabética. Si quieres llevarla al pueblo, te recuerda que es diabética. 
Si la llevas al médico, la recepcionista, la enfermera, las personas de la sala de espera y, por supuesto el médico sabrán que ella es diabética. 
Te lo tienes que tomar con humor, pero cuando te lo recuerda mil ochenta veces, gritas por dentro: "¡Que ya lo sé, coño!"

Mientras desayuna, cambio las sábanas, los empapadores y echo ambientador de Zara. 
No le gusta. 
Lo hago a escondidas. 

Y justo en ese instante, el déjàvu en la boca del estómago. 

Esta rutina es de lunes a domingo. Bajo a mi casa después de acostarla, perdón quería decir después de acostarla  y necesito una media de cinco minutos para ubicarme. 

¿Qué día es hoy?

¿ Me he tomado el escitalopram? ¿me he tomado el colágeno? y hago lo propio. Me tomo el escitalopram, me tomo el colágeno . 
Consigo averiguar, qué día es hoy.

Hoy es jueves, o eso creo.

El dejavu sigue instalado en la boca del estómago. 

 Mis árboles siguen escupiendo flores y conos.

Comentarios

  1. Precioso y triste... Yo te he acompañado a levantar a tu madre.

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