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EL DÍA QUÉ CASI APRENDÍ DE FÚTBOL


—Uy, qué equipación más bonita lleva ese equipo. ¿Quiénes son?

—Maromo: El Valencia.

—Pues me encanta la combinación de colores.

El reportero narra el partido y, de repente, dice que van a ir al VAR porque parece fuera de juego.

—¿Fuera de juego era cuando uno del mismo equipo llega a la portería antes que el tirador, no?

—Maromo: Los defensas no pueden estar en el área por delante del tirador.

—¿Y por qué van al bar? ¿Desde allí se ve mejor?

—Maromo: VAR. Con V.

—Ah… ¡No es un bar!

—Maromo: No.

Respuesta corta, seca y perfectamente calculada para ahorrar saliva.

—¿Las imágenes que salen en el césped también las ven los del campo o solo en la tele?

—Maromo: En la tele. Sería un poco peligroso tener en el campo de juego una Heineken de cinco metros, ¿no?

—Desde luego, el césped lo tienen precioso.

Silencio.

—¿Este partido es un derbi?

—Maromo: No. Están jugando Valencia y Real Sociedad.

—¿Y?

—Maromo: Un derbi es un partido donde los dos equipos son de la misma ciudad.

—O sea, Madrid-Atlético de Madrid.

—Maromo: Sí.

—Los que van por los lados, ¿pueden meter gol?

—Maromo: Sí.

—¿Y los que están en el medio?

—Maromo: También.

—¿Y el portero?

—Maromo: Podría.

—La verdad es que alguno tiene unas piernas preciosas.

Se produce una colisión entre dos jugadores.

—¿Reciben clases de interpretación?

—Maromo: No.

—¿Por qué silban?

—Maromo: Porque el jugador que está en el suelo está perdiendo tiempo.

—Pobrecillo… Se habrá hecho daño.

Pausa.

—Qué pobres los de seguridad. Están todo el rato mirando al público. O sea, que no ven el partido.

—Maromo: No.

—Llevan un montón de tatuajes.

¡Uy! Ese lleva una máscara. ¿Por qué?

—Maromo: Se estará recuperando de una operación. Es un protector.

—Mola, ¿eh?

Pausa estratégica.

—¿Cuánto dura el partido?

—Maromo: Noventa minutos.

—Puff…

Me quedo mirando un rato más.

—¿Me haces cosquillitas?

—Maromo: No.

—Vale. Me voy a leer a mi habitación.

Y entonces ocurre.

El gesto del maromo mirando al cielo y diciendo «gracias» —lo sé porque le leo los labios— no tiene precio.

FIN DEL PARTIDO.


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