" EL GALARDONADO"
Sabía que tenia que ir y esa certeza convivía con unas ganas completamente inexistentes.
Era la primera vez que entregaba un premio a la trayectoria profesional en el marco de una cena benéfica. Ni siquiera sabía quién era el premiado.
La bañera estaba a punto de desbordarse así que cerró el grifo con cuidado. El nivel del agua era el justo. Había calculado con precisión el volumen que desplazaría su cuerpo.
Introdujo primero el pie derecho luego el izquierdo y despacio se sumergió. El agua estaba a la temperatura exacta. Había añadido aceite esencial de jazmín, el mismo que compró en un viaje a Marruecos. No era la primera vez que lo usaba; conocía perfectamente el aroma que después quedaría prendido en su piel.
Cerró los ojos y durante unos minutos se permitió el silencio y la compañía de Van Morrison. El pequeño cojín que se acomodada perfectamente a su cuello dolorido le arrancó una sonrisa; hace un año le habría parecido imposible.
La música, la temperatura del agua, la efervescencia de la bomba de sales despertaron su sexo, con suavidad, sin exigencias; eso también la habría sorprendido un año antes. Y sin mediar permiso su diestra mano se soltó del borde de la bañera hasta encontrarse con sus sexo que comenzaba a palpitar.
Con pequeños movimientos desde las yemas de sus dedos acarició su clítoris mientras crecía el placer. Nunca había sido de coitos interminables, el destino era el placer. En cinco minutos, quizá ocho el clímax la sobrecogió haciendo temblar todo su cuerpo. Indudablemente fue un gran comienzo para un Sábado de premios.
La tarde la sorprendió mientras sus ojos se recreaban con el vestido que luciría esa noche.
Eligió un diseño de Vicky Martín Berrocal, que le habían hecho en su atelier sevillano. Un vestido que enmarcaba su voluptuoso cuerpo, ese precioso cuerpo que se había transformado durante la menopausia y al que abrazaba con amor. Un cuerpo rotundo. Le sentaba como un guante.
Acompañó el precioso vestido burdeos con un moño bajo, despeinado sin intención y un maquillaje natural. No se maquillaba habitualmente, reconocerse siempre había sido importante.
El chófer la recogió puntual. Eran apenas las nueve cuando llegó al Palacio de Gaviria donde se celebraba la gala.
Alberto Guzmán la esperaba para acompañarla al salón donde se reunían los galardonados y maestros de ceremonia, o sea ella.
Le presentaron a varias personas a las que estaba absolutamente convencida no recordaría en un rato. Huelga decir que la menopausia había hecho una limpieza neuronal digna de primavera y su memoria podía dar fe.
No llevaba ni una hora subida a aquellos tacones y sus pies habían iniciado una protesta formal. Así que sentada a la mesa frente a la tarjeta con su nombre y bajo la protección casi litúrgica del precioso mantel dorado se descalzó.
Madre mía aquel placer solo era comparable al que le había regalado, esa misma mañana, su diestra mano. Divagaba aún cuando Alberto Guzmán se aproximó a su mesa.
- Nora, querida, déjame que te presente a tu galardonado.
Se incorporó en una maniobra tan arriesgada como innecesaria, girando mientras su pie derecho rastreaba a ciegas el zapato bajo la mesa. Tuvo que desistir.
- ¡ no me jodas¡ , donde cojones esta el zapato.
Descartó de inmediato ponerse a cuatro patas, era la única postura que no pensaba practicar esa noche.
Así que igualó su pie descalzo a la altura del otro y elevó su rostro a la altura del galardonado, con la dignidad intacta y el calzado perdido.
- Hola buenas noches, soy Nora.
- Un placer Nora, Elsina, Carlos Elsina.
Sus manos se encontraron en una apretón ligero y la chispa surgió.
- ¡ Au ¡ exclamaron al unísono.
- Perdón , dijo Carlos. Es culpa mía.
Bajó la mirada buscando sus zapatos y entonces lo vio, el pie descalzo de Nora. Una sonrisa se dibujó en su rostro antes de regresar a sus ojos. Sonrió de nuevo al descubrir el leve rubor que ya le encendían las mejillas.
- ¿Te he hecho daño?
- No tranquilo, estoy bien, solo ha sido un chispazo.
Sonrió como solo ella sabía hacer y en ese gesto llegó la tregua para esconder su pie bajo el vestido.
- Enhorabuena por el galardón, Carlos.
- Gracias. Y sin poder, ni querer soltarle la mano la miró un instante mas de lo prudente.
Alberto interrumpió el momento recordándole que debía regresar a su mesa.
Carlos se despidió y al llegar a la altura de su mesa se giró, se concedió un segundo mas, lo justo para grabar la escena en su retina. Nora inclinada buscando su zapato bajo la mesa. Ocupó su sitio, carraspeó.
Nunca antes había deseado tanto recibir un premio.
Nora ya calzada levantó la vista. Sus miradas se encontraron desde la distancia y un leve cosquilleo le recorrió el cuerpo.
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