Si te dieran a elegir un deseo, frotando una lámpara mágica o cambiando tu ADN después de la picadura de una araña, hay varios estudios científicos que revelan cuál sería el deseo elegido.
TENER SUPERPODERES
Entre todos los superpoderes, el elegido en primer lugar sería:
SER INVISIBLE.
El porqué es un poco menos científico.
La respuesta más repetida entre los participantes del estudio —varones de entre 20 y 30 años— fue:
—¡Salvar el mundo!
NOOOOOOO.
—Poder espiar a los malos.
NOOOOOO.
—¡Joder! Pues entonces, ¿cuál?
—Piensa un poquito más, hombre. Entre 20 y 30 años tienes que tener alguna idea.
—¡No jodas! ¡No puede ser!
Sí, sí, sí. Puede ser.
—Poder entrar en los probadores sin ser vistos.
Es una decepción, lo sé.
Pero, por suerte, las lámparas mágicas no existen.
Cuando yo nací, a los siete meses de gestación...
—¿Tú fuiste sietemesina?
—Sí, vida. Todo el mundo se extraña y no sé muy bien por qué.
¿Por qué sextuplico mi peso original?
¿Por qué mis piernas parecen madera para los barcos?
¿Por qué mis caderas parecen preparadas para traer al mundo a la nueva generación que incluiría a Noé en su puta arca?
Bueno, que me desvío del tema central.
Cuando yo nací, a los siete meses de gestación, pasé casi un mes en la incubadora del Hospital La Paz y compartí espacio y oxígeno con un insecto que todavía no tenía nombre.
Todo esto nos lleva al día de hoy.
Yo, sin pedirlo y sin frotar ninguna lámpara...
TENGO PODERES DE SUPERHÉROE.
—¡No jodas! ¿Adivinas el futuro? ¿Ves lo que va a pasar?
—Bueno... básicamente eso es lo mismo.
—¡Pero dímelo, dímelo, dímelo! ¿Cuál es tu superpoder?
PUEDO DETECTAR A LOS GILIPOLLAS.
—Pero eso no es un superpoder, tía. Yo también sé quién es un gilipollas.
—Sí, pero cuando hace o dice alguna gilipollez.
YO LOS DETECTO ANTES.
Les envuelve un aro de luz roja que comienza a parpadear.
—¿Como las dianas de los tiradores?
—Sí, igual. Y cuando se centra en el gilipollas, deja de parpadear.
—Pero no sé... no le veo mucha utilidad. ¿De qué te sirve?
—¿Te parece poco poder cambiar de acera, no entrar en un ascensor o no llegar a una cita?
¿Tú sabes el tiempo que me ahorro?
—Bueno, visto así...
Imagínate un lunes.
Me levanto despacio, mirando hacia dentro, reflexionando sobre la vida. Me preparo un buen café y una tostada de pan de harina de soja.
Suelo desayunar sola, pero si coincido con alguien, el detector se vuelve loco.
Primero marca a mi marido.
—¿A tu marido? ¿Pero no dices que te volverías a casar con él?
—Sí. Pero solo para que se joda.
Después marca al jardinero, sobre todo cuando utiliza el soplador de hojas.
Y es que no hay utensilio más poco pensado.
Cierto que sopla las hojas hasta conseguir hacer una montaña de un metro o metro y medio, pero para utilizar el soplador tienes que ponerte unos cascos insonorizados, como los que usan los tiradores de una M-70.
Y después de todo ese despliegue tecnológico, ¿qué haces?
Coges la escoba y el recogedor y tiras la montaña a la basura.
Me visto.
Ya sabes, al tuntún. Ese estilo mío tan personal que parece que me visto con la luz apagada.
Mientras me lavo los dientes, a veces se activa el detector.
Pero saco mi mala hostia y mi mensaje subliminal hace el resto:
COMO ME DETECTES A MÍ, TE DOY DOS HOSTIAS.
El lugar más sensible es la carretera.
Cuando voy camino del trabajo, el detector no para de pitar.
—Mercedes negro conduciendo entre dos carriles.
GILIPOLLAS.
—Fiat 500 con las luces de emergencia por la M-40 durante veinte minutos.
GILIPOLLAS.
—Seat Panda saltándose un semáforo en rojo.
GILIPOLLAS.
—Citroën C4 con la música a 20.000 voltios, por si tú no llevas radio.
GILIPOLLAS.
—Vespa de 50 cc queriendo ir a 80, cuerpo a tierra para ayudarse de la fuerza del viento.
GILIPOLLAS A LAS TRES.
Imagínate cómo termina el día.
Porque el problema de tener un superpoder es que, una vez que lo tienes, empiezas a darte cuenta de que el mundo está lleno de oportunidades para utilizarlo.
Y los gilipollas...
SON INFINITOS.
CONTINUARÁ...
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