Querida Diaria:
Poder parar el torrente de pensamientos que recorren nuestra mente de norte a sur y de este a oeste es, a veces, misión imposible.
Hay noches en las que nuestra mente parece estar en el estudio de grabación de First Dates.
—Me encanta ese programa. ¡Tengo unas ganas terribles de tener una cita! ¿Tú no?
Sí. Yo, más que ganas de una cita, tengo ganas de una putivuelta.
Expresión recién aprendida que me tiene absolutamente fascinada, como el pez martillo a Sheldon.
Pero a lo que iba.
Anoche nuestra mente tuvo como unas cien citas.
Claro que, al ser nuestra mente, no fueron citas con chulazos. No. Fueron citas con pensamientos, recuerdos, preocupaciones, escenas absurdas y canciones de Ricky Martin.
—Pero Ricky es un chulazo de los buenos.
Sí. De los de 11 sobre 10.
Yo intentaba dormir y nuestra mente, mientras tanto, se estaba arreglando para salir: labios rojo pasión, taconazo, Ricky Martin de fondo y toda la actitud de una mujer que tiene una reserva a las diez.
Mi cuerpo quería seguir la música, pero, querida diaria, eran las tantas y necesitábamos dormir.
Últimamente no pegamos ojo y lo necesitamos.
—Oh, oh, oh... nado con tiburones...
¿Pero se puede saber qué haces canturreando?
—Perdona. Es que es muy pegadiza.
Pues venga, céntrate.
Dormir.
Dormir.
Dormir.
Ha sido una noche larga.
La música estaba tan alta que no podía ni meditar.
—Ommm...
¡Eso no es meditar!
—Estoy haciendo lo que puedo.
Cuando por fin tenía controlada la música, llegaron los recuerdos de los 90.
Y ahí apareció mi yo adolescente.
En el metro.
Desnuda.
Sí, desnuda.
Y vuelta a despertarme.
Y allí seguía Ricky.
Y vuelta a empezar.
Así que no tuve más remedio que ponerme borde.
—¡Por favor, cállate! ¡Un ratito solo!
Pero nuestra mente va a su puta bola.
Y entonces apareció ÉL.
Sí.
ÉL.
Para descubrir que no llevaba ropa interior.
—Espera, que me he perdido. ¿Quién no llevaba ropa interior? Tengo que estar más atenta. ¿Le conozco?
No.
Él sí llevaba ropa interior.
La que no la llevaba era YO.
—¿Y por qué?
¿Yo qué sé? ¡Pregúntale a nuestra mente!
—Pero tú no eres mucho de ir en modo comando.
Esto solo lo entenderán las fans de Friends.
A estas alturas yo creo que nuestra mente estaba poseída por el espíritu creativo de Pedro Almodóvar.
Ha sido un absurdo detrás de otro.
Metro.
Desnudez.
Ricky Martin.
Recuerdos de los 90.
ÉL.
Y yo, intentando dormir.
Una película de Almodóvar, pero con presupuesto de insomnio.
—Pero entonces, al final, ¿ha habido final feliz o no?
Finalmente, sí.
Ha habido final feliz.
He terminado echando un buen polvo con ÉL, al son de Ricky Martin y bajo la mirada experta de Pedro Almodóvar.
Todo perfectamente producido por nuestra mente.
Cuando me he despertado, sonriendo de oreja a oreja, le he dado las gracias.
Porque, querida diaria, aunque el final feliz haya durado unos veinte minutos —que sospecho que es exactamente lo que he dormido—, por lo menos ha merecido la pena.
Y, además, estaba en la postura del perrito.
—Ay, Mari... quién fuera perrito con ÉL.
¿Alguna vez participaré yo en algún final feliz?
Esto de que me cuentes siempre las cosas a toro pasado empieza a tocarme un poco la moral.
Querida diaria:
La próxima vez lo hacemos en streaming.
Porque esto de vivir el insomnio en diferido es un coñazo.
¡Qué aburrimiento de insomnio!

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