Intuía que este verano iba a ser de esos.
Dicen que las parejas entran en crisis a los tres años. Lo mío es algo parecido.
Lo malo es que nunca lo veo venir. Hasta que me pasa por encima, me arrolla y me deja hecha polvo.
Este agosto me tocó el premio gordo: malos presagios, pesadillas a granel, ansiedad, dificultad para respirar… Un pleno al diez.
Es como si alguien hubiera pulsado el botón de pausa. Todo sigue ocurriendo a mi alrededor, pero yo no estoy.
Una vida casi perfecta en la que yo no encajo.
¿Y qué más da si hace sol o llueve?
¿Qué importa que, sobre el papel, debería ser feliz y no pueda?
¿Qué importa si desayuno, como o ceno?
¿Qué importa si respiro, si tomo azúcar moreno, si bebo alcohol, si miro... y no veo?
Este mes respirar se ha convertido en un trabajo de jornada completa. Me ahogo y me vuelvo a ahogar.
La tercera semana fue la peor. Hacía mucho tiempo que el dolor y la tristeza no me partían en dos.
Y no encuentro consuelo. Ni siquiera en ti.
No sabía si escribir esto. Me siento más cómoda escondiéndome detrás de la ironía. Pero aquí estoy.
Caminaba por un paisaje increíble, el mismo que acompañó este verano de mierda, mientras una piedrecita en el zapato —llamémosla alma— no me dejaba disfrutar de nada.
Con cada paso, la herida se hacía un poco más grande. Llegué a la tercera semana con el dedo meñique sangrando. Me quité los calcetines y estaban empapados, teñidos de rojo.
Y me molestan los mensajes subliminales. Y los que no lo son. Pero aún me duele más leerlos y sentir cómo se cuelan por alguna herida sin cerrar, hasta los pies de mi alma.
Duele cuando la empatía toma el mando y me convierte en un muñeco en manos de mis propios sentimientos. De la intensidad de mis sentimientos.
Y tú no me ayudas.
Y yo, a veces, tampoco puedo ayudarme.
A veces no veo el sol.
A veces no siento el viento.
A veces soy injusta conmigo.
A veces me culpo una y otra vez.
A veces te culpo a ti. A él. A vosotros.
A veces respirar cuesta tanto que vivir parece una tarea imposible.
Pero solo a veces.
Hoy, 14 de octubre, he sentido el viento.
Y, por primera vez en mucho tiempo, me ha parecido un buen comienzo.

Y eres humana, y eres imperfecta, y eres muy exigente contigo misma... y tienes que intentar relajar la mente más. Bss
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