Las mesillas de noche son como los bolsos de las mujeres: un universo paralelo. Bueno… la mía directamente es de otra dimensión.
Lo curioso es que el despertador está en mi lado de la cama.
Debe de emitir algún tipo de señal magnética, porque todo el que entra en mi habitación viene primero, primerito, a MI lado.
—¿Hay leche?
No lo sé, alma de cántaro. En esta casa existe un lugar revolucionario llamado despensa. Échale un vistazo.
—¿Dónde está el paracetamol?
Pues donde llevan siglos viviendo los medicamentos: en el botiquín. No escondido debajo de mi sujetador.
—¿Tienes una camisa negra?
¿Perdón? ¿Con ese armario que parece el Zara de Gran Vía? Eso sí, luego soy yo la que abre el suyo, lo mira fijamente cinco minutos y sentencia:
"No tengo nada que ponerme."
(Foto mental: yo, mirando un armario que necesita código postal.)
Y luego están mis perras.
Bueno… tengo dos hijas perras y dos perros hijos. Ahí lo dejo.
Da igual la hora. Ellas consideran que mi lado de la cama es la recepción del hotel.
—Ábreme la puerta, que quiero salir a mear.
Claro, reina. ¿Algo más? ¿Un café para el camino?
Pero el premio gordo se lo lleva mi hija. Mi criatura tiene la maravillosa costumbre de aparecer sobre las tres de la mañana con la linterna del móvil apuntándose a la cara. Se planta a veinte centímetros de la mía y susurra:
—Mamá… estoy mala…
La primera vez casi me da un infarto.
Le pegué un grito:
—¡Joder, hija! ¡La próxima vez ven silbando! ¡O manda un WhatsApp antes de aparecer como la niña de The Ring!
Y claro… con semejante tráfico nocturno, mi mesilla refleja exactamente la etapa vital en la que estoy.
- Condones... creo que caducados. Mi deseo sexual se fue de crucero por el Caribe y el muy sinvergüenza no ha vuelto ni para recoger el correo.
- Lubricante. Porque una, que en su cabeza sigue siendo un Ferrari, necesita ahora repostar antes de arrancar. La menopausia tiene un sentido del humor bastante retorcido.
- Valeriana.
- Dormidina.
Porque alrededor de los cuarenta llegaron los sofocos, el insomnio y un pack de sorpresas que yo no había pedido.
Debía de ser una promoción: "Cumple 40 y llévate dos síntomas gratis."
Así que cada noche abro el cajón de la mesilla como quien consulta una carta de vinos.
—¿Qué toca hoy? ¿Dormidina... o lubricante?
Total... el final suele ser el mismo.
Buenas noches.

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