Hay mañanas No sabes muy bien por qué, pero a veces sucede. Nada más despertar, la desazón aparece. Primero se instala en la boca del estómago y comienza a apretar, suavemente, pero con firmeza. Después asciende hasta el pecho. Allí la opresión se hace más intensa; por momentos, respirar se convierte en un esfuerzo. El aire entra, pero no llena. Se abre paso a empujones, de cinco en cinco, cuando debería hacerlo de diez en diez. Cuando supera la barrera del pecho, llega a la boca. La mandíbula se tensa y los dientes se aprietan. Tus ojos buscan ayuda, pero una espesa niebla lo oculta todo. Un pitido breve alcanza tus oídos e impide escuchar lo que esa niebla viene a decirte. Mensajes ocultos. Fragmentos de tu subconsciente que apenas logran rozar la conciencia. Y entonces la angustia lo envuelve todo. El desánimo cae sobre ti con el peso de una manta húmeda, apagándolo todo.
Relatos personales sobre esos días , los soleados y los llenos de tormentas. Y como sobrevivir a todo eso que es la Vi D A