TODO MAL GRACIAS |
"Entendía todas las posturas, menos la suya.
La empatía se le había desbordado hacia tiempo y ya no había forma humana de meterla otra vez en cintura.
Intentaba domarla como
quien intenta amansar un caballo salvaje aunque no tenía ni puta idea de doma ni, siendo sinceros , de caballos.
Pero allí seguía, arrastrada por sus emociones como una amazona sin silla y sin dignidad.
Se despertaba siendo Alicia y, a medida que avanzaba el día, las personalidades iban turnándose el volante sin pedir permiso.
-¿Pero que cojones le pasaba al corrector? - murmuró.
Intentaba escribir un relato y el muy cabrón solo subrayaba como incorrectas las palabras en femenino.
Bueno y los tacos también .
Aunque, siendo justos, una vida sin tacos, era como un pan sin sal: comestible si, pero tristísimo.
Desde que había leído en algún sitio que decir palabrotas era síntoma de inteligencia ,soltaba más "joder" por minuto que un camionero atrapado en la M30.
Y encima llevaba un día de mierda absoluta. La menopausia, la premenopausia ó su puta madre la estaban dando una paliza fina.
Todo el santo dia disfrada de Heide ; bueno Heide después de subir corriendo una montaña en Agosto.
Los mofletes encendidos el sudor traicionero y esa sensación de estar fermentando por dentro.
Se miraba al espejo y apenas se reconocía.
La mala leche esa venia instalada de fábrica.
Pero todo lo de más parecía un pack extra incluido para animar el cotarro vamos, no confundamos con alegrar el coño con farolillos, aquello pertenecía al primer capitulo y ya iba por la página cuarenta y ocho. .
Cuarenta y ocho dios, que número más ofensivo.
-¿Y cuantas páginas tiene que tener un relato?- Se preguntó de pronto.
Y claro acabó en google.
Porque buscarlo en una enciclopedia por fascículos era complicado.
Su hija alucinaba cuando le hablaba de las enciclopedias del salón. La miraba como si hubiera crecido cazando mamuts.
Bendita juventud y su divina ignorancia.
Por lo visto, con veinte páginas un relato ya iba que chutaba.
- Pues estupendo. Relato terminado.
Aunque entonces surgió otra duda.
- ¿Y que diferencia hay entre un relato y una novela?
Otra vez a google,.
Claro, coño. Haces más preguntas que un ginecólogo en tu primera revisión.
La respuesta era la profundidad. El relato pasaba de puntillas; la novela se quedaba a vivir dentro del problema, como una suegra en agosto.
Estaba claro que lo suyo eran los relatos.
Ir de puntillas era exactamente su especialidad: poco tiempo, mucha intensidad al principio y agotamiento prematuro al final.
Como casi todo en su vida.
—Vamos, que a mí la fuerza se me va por la boca.
Preciosas palabras las de tu blog.
ResponderEliminarDirectas desde el corazón.
Enhorabuena
Saludos