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DIME QUE HAY EN TU MESILLA Y TE DIRÉ QUIÉN ERES

Las mesillas de noche son como los bolsos de las mujeres: un universo paralelo. Bueno… la mía directamente es de otra dimensión. Lo curioso es que el despertador está en mi lado de la cama.  Debe de emitir algún tipo de señal magnética, porque todo el que entra en mi habitación viene primero, primerito, a MI lado. —¿Hay leche? No lo sé, alma de cántaro. En esta casa existe un lugar revolucionario llamado despensa . Échale un vistazo. —¿Dónde está el paracetamol? Pues donde llevan siglos viviendo los medicamentos: en el botiquín. No escondido debajo de mi sujetador. —¿Tienes una camisa negra? ¿Perdón? ¿Con ese armario que parece el Zara de Gran Vía? Eso sí, luego soy yo la que abre el suyo, lo mira fijamente cinco minutos y sentencia: "No tengo nada que ponerme." (Foto mental: yo, mirando un armario que necesita código postal.) Y luego están mis perras. Bueno… tengo dos hijas perras y dos perros hijos. Ahí lo dejo. Da igual la hora. Ellas consideran que mi lado de...

LA IMPORTANCIA DE NO IMPORTARTE NADA

Intuía que este verano iba a ser de esos. Dicen que las parejas entran en crisis a los tres años. Lo mío es algo parecido. Lo malo es que nunca lo veo venir. Hasta que me pasa por encima, me arrolla y me deja hecha polvo. Este agosto me tocó el premio gordo: malos presagios, pesadillas a granel, ansiedad, dificultad para respirar… Un pleno al diez. Es como si alguien hubiera pulsado el botón de pausa . Todo sigue ocurriendo a mi alrededor, pero yo no estoy . Una vida casi perfecta en la que yo no encajo . ¿Y qué más da si hace sol o llueve? ¿Qué importa que, sobre el papel, debería ser feliz y no pueda? ¿Qué importa si desayuno, como o ceno? ¿Qué importa si respiro, si tomo azúcar moreno, si bebo alcohol, si miro... y no veo? Este mes respirar se ha convertido en un trabajo de jornada completa. Me ahogo y me vuelvo a ahogar. La tercera semana fue la peor. Hacía mucho tiempo que el dolor y la tristeza no me partían en dos. Y no encuentro consuelo. Ni siquiera en ti. No sabí...

LOS 40 VIENEN CON LETRA PEQUEÑA

Una milésima de segundo después de cumplir los 40, llegó Pepe con las rebajas. Los ojos empezaron a enfocar y desenfocar por su cuenta, como si hubieran decidido independizarse. Yo, al principio, hasta pensé que me estaba convirtiendo en Robocop. Pero no. Lo que me estaba convirtiendo era en una mujer inseparable de unas gafas. Porque de cerca no veo un pimiento. Lo curioso es que de lejos distingo a un conocido a tres calles… pero soy incapaz de leer el botón del ascensor. Mi vista ha decidido especializarse en paisajes. Mis días empezaron a parecerse a un concurso de Pasapalabra . —Empieza por la C y acaba en Ú... —¡Champú! La mitad de las veces acertaba por puro instinto. La otra mitad acababa lavándome el pelo con acondicionador y echándome el champú después. Innovación capilar. Y es que cumples los 40 y descubres que el cuerpo tiene un peculiar sentido del humor. De repente, las rodillas hacen "clic", te levantas del sofá haciendo ruidos que no sabías que existí...

EN MI REALIDAD NO TODOS LOS DÍAS PESAN IGUAL

Decido escribir este blog después de un mal día, de un mal mes y siendo sincera, de algunos malos años más. Presentarse siempre resulta extraño.  Da un poco de vértigo. Supongo que porque nadie permanece igual demasiado tiempo y, a veces, ni siquiera llegamos a reconocernos del todo.  Yo sin ir mas lejos, hay días en los que no me reconozco, no sé muy bien quien soy. Imagínate intentar saber para que estoy aquí.. Y no hablo solo del espejo. Es algo mas profundo.  Más íntimo. Más silencioso. No reconozco a la Mujer que tiene ataques de pánico o de ansiedad.  Ni a la que a veces sufre ambos al  mismo tiempo, mientras intenta fingir normalidad. Tampoco reconozco a la mujer enfadada con la vida. Aunque, siendo justos,  seguramente tenga motivos para estarlo.  Pero cuando la ira me atraviesa, cuando me consume por dentro, todo se vuelve demasiado . Demasiado ruidoso. No sé si me consuela saber que no soy la única con días que pesan.  O si eso me entris...