Ir al contenido principal

TAN SOLO 5 PARADAS



El movimiento del vagón era erráticamente rítmico. Su cuerpo bailaba al son de los raíles: de derecha a izquierda, y vuelta a empezar. 

Un balanceo constante que, por alguna razón, aquel día no le molestaba. Al contrario. Era casi como si el propio metro la acompañara en su hazaña.

Ese trayecto había comenzado un lunes de septiembre, exactamente a las 18:45. 

No hubo violines tocando al compás, ni cabellos revueltos a cámara lenta, ni ninguna banda sonora anunciando que aquel momento estaba a punto de convertirse en algo importante.

Por el contrario, hubo felicidad absoluta, orgullo desbordado y una sonrisa de oreja a oreja.

Aparentemente, era la única pasajera que sonreía.

 Sentada en el asiento junto a la puerta, observaba su reflejo en el cristal que tenía justo enfrente. Allí estaba ella. Y, aunque pudiera parecer un viaje cualquiera, sabía que no lo era.

Sin duda, también era la única pasajera que no miraba el móvil.

Se dejó seducir por los sonidos del vagón; sonidos que conocía desde hacía tiempo, pero que aquel día parecían nuevos, distintos, casi únicos. 

El traqueteo de las ruedas sobre los raíles, el murmullo lejano de las conversaciones, el aviso de las estaciones, el abrir y cerrar de las puertas...

Todo sonaba diferente cuando el miedo no era quien llevaba las riendas.

Y entonces su propia mente le recordó:

—Lo estás haciendo bien. Estás viajando en metro, tú sola. Y no sientes miedo. Ni angustia. Estoy orgullosa de ti.

Sonrió un poco más.

Recordó entonces aquella preciosa frase pronunciada por el primer hombre que pisó la Luna. 

Una pequeña variación, una versión hecha a su medida:

—Es un pequeño paso para la humanidad, pero un gran paso para Ella.

Porque eso era exactamente lo que estaba haciendo.

Tomar acción. 

Hacerlo a pesar del miedo. Avanzar aunque una parte de ella todavía dudara.

Eso era lo que siempre le habían aconsejado.

Y allí estaba ella.

Viajando sola.

Apenas cinco estaciones.

Cinco estaciones que, para cualquier otra persona, no significaban absolutamente nada. 

Pero para ella eran cinco estaciones de valentía, de esfuerzo, de lucha y, sobre todo, de libertad.

Cinco estaciones que demostraban que el miedo podía viajar con ella sin decidir el rumbo.

Y mientras el vagón seguía balanceándola de derecha a izquierda, y de izquierda a derecha, volvió a mirar su reflejo en el cristal.

Esta vez no vio a una mujer intentando vencer al miedo.

Vio a una mujer que acababa de descubrir que podía hacerlo.

Y fue feliz.

Sin duda, estaba lista para más.

Comentarios

Entradas populares de este blog

HOGAR

  La luz entraba tímidamente a través de los balcones, que miraban con quietud los primeros rayos de sol que iluminaban la calle Jorge Juan. Los techos altos, las molduras post modernas, el suelo de madera de sabina, todo entremezclado convertía su hogar en un sueño recurrente. Todas las habitaciones disponían de luz natural, fue lo primero que la enamoró, cuando hizo la visita con el agente inmobiliario. Cada una de ellas se convirtió en hogar, en el lugar seguro al que poder volver siempre que lo necesitara. "Existe un proverbio Indio que dice que todos somos una casa de cuatro habitaciones. La física, la mental, emocional y espiritual. La mayoría de nosotros solemos vivir en una sola habitación, casi todo el tiempo, pero no debería ser así, y hasta que no visitemos las cuatro habitaciones no seremos una persona completa." -  Rumer Godden -  Huelga decir que hacía tiempo que ella era una persona completa. Durante muchos años tuvo habitaciones cerradas a cal y canto, has...

LA LLAVE DE ALICIA

Lo primero que piensa cuando pronuncia su nombre, ALICIA , es que no habría podido llamarse de otra manera. Le gusta por muchas razones.  Porque suena melifluo, casi como una melodía que se desliza despacio. Porque sus letras suman un número par, el seis. Porque empieza y termina con la misma letra, la A . La primera vocal. La primera letra del abecedario. Como si su nombre fuese un círculo perfecto que siempre regresa al origen. Durante años guardó algunas partes de sí misma bajo llave. Permanecían ocultas en un rincón al que nunca se atrevía a entrar.  Después de meses de terapia, aquella puerta terminó por abrirse. Al otro lado no encontró respuestas definitivas, sino un territorio desconocido que también le pertenecía. La llave, grande y de hierro forjado, se la entregó el psicólogo el día que pronunció una frase que ella creía imposible. —Alicia, eres una persona excepcional.  No imaginó que aquella llave pesara tanto al sostenerla entre las manos. —¿Pesa...

EL GALARDONADO, ELSINA

                                            " EL GALARDONADO" Sabía que tenia que ir y esa certeza convivía con unas ganas completamente inexistentes.  Era la primera vez que entregaba un premio a la trayectoria profesional en el marco de una cena benéfica.  Ni siquiera sabía quién era el premiado. La bañera estaba a punto de desbordarse así que cerró el grifo con cuidado. El nivel del agua era el justo. Había calculado con precisión el volumen que desplazaría su cuerpo. Introdujo primero el pie derecho luego el izquierdo y despacio se sumergió. El agua estaba a la temperatura exacta. Había añadido aceite esencial de jazmín, el mismo que compró en un viaje a Marruecos. No era la primera vez que lo usaba; conocía perfectamente el aroma que después quedaría prendido en su piel. Cerró los ojos y durante unos minutos se permitió el silencio y la compañía de Van Morris...