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PRETÉRITO PERFECTO



La medicación consigue su propósito.

Imagino a mi familia devorada por las llamas, sus cuerpos se retuercen, el humo no me deja respirar.  Y no hay lágrimas. No puedo llorar. Es acojonante.

Huelga decir que yo siempre he sido muy receptiva, bueno a todo menos al sexo.

 No lo recibo bien yo, lo de tener sexo. En menopausia deberían funcionar los preliminares, deberían digo. Pero la sequedad de mi vulva es muy testaruda. No hay flujo. Solo vagisenil. 

Eso si , el maromo  lo extiende como si le fuera el coito en ello, que le va, le va. 

¿Sabes esos albañiles meticulosos que extienden el yeso con la espátula, una vez, y otra y otra hasta quedar requeteliso. Pues exactamente igual pero con el vagiseníl , en mi hermosa vulva.

Durante un tiempo tu cuerpo se resiste a la medicación, a sus efectos vaya. De despeñaperros para abajo sigues estando mal.  Medio triste, medio angustiada, medio insensible; y de despeñaperros para arriba cuasifeliz. 

Ni una lágrima sale oye, lo intentas y la comisuras de tus labios se curvan hacia arriba hasta formar una fantasmagórica sonrisa,  en plan Sheldon Cooper. 

Da igual las veces que lo intentes. Nunca lloras, la vulva igual sí.  Lágrimas cero.

Es complicado mantener el tipo. -no me refiero a los kilos, esos si se mantienen, a conciencia-.

Porque tu anhelas estar bien pero es que estarlo de la noche a la mañana no tiene sentido. 

Tu cerebro dice:

- "Estamooos  bieeen " - alargando mucho las vocales-. "Aquí estamos seguras". " Quieres follar,  quieres sonreír ".

Toda esa información coge el primer Ave que pasa con destino a los genitales, no sin antes tener un problema con la catenaria. 

Y mi vulva dice:

- " No te lo crees ni tuuuu, - alargando mucho el tu-.

Aquí no entra un miembro viril por mucho vagisenil que traigas. Osea ni una pollaaa, - alargando mucho la a-.

Y en ese preciso instante mi cerebro tiene un ictus y empieza a desvariar. 

- " ¿ y si fuera un pené de Nutella?.

Mis pupilas se dilatan, Nutellaaaaa.  Un pene cubierto todito de Nutella. 

!Pero que cojones,  menudo cerebro cabrón!

Inmediatamente me levanto de la silla, con una buena dosis de vagisenil en la vulva, me dirijo a la cocina,  primer estante, armario de la izquierda. 

Y en la primera cucharada de Nutella se me quitan todas las gilipolleces. 

Las comisuras de mis labios se curvan hacia arriba dibujando otra fantasmagórica sonrisa. 

Pero de Nutella. 

Historia con final feliz,  para alguna más que para maromo. 

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