Ir al contenido principal

LOS CAJONES DE LA MEMORIA

 




Los cajones de la memoria

Hacía tiempo que su memoria se había vuelto caprichosamente selectiva, y aquello la aturdía un día sí y otro también.

Sobre todo en esas jornadas en las que sus pensamientos se volvían contra ella, bombardeándola con críticas feroces y juicios despiadados.

Era incapaz de recordar lo bueno: si había hecho algo útil, si había sido amable, si había amado, si había sentido compasión. 

Como si su mente hubiese decidido archivar únicamente aquello que dolía.

Entonces tomó una decisión: escribir.

Escribir un diario que le recordara a su corazón, siempre dolorido y olvidadizo, todo aquello de lo que era capaz.

Había días en los que escribía hasta tres veces. 

Anotaba cómo se sentía, qué había comido, qué había aprendido. También comenzó un diario de gratitud, porque necesitaba obligar a sus ojos a detenerse en la belleza antes de que el miedo la borrara.

Cuando llegó diciembre, los cuatro primeros cajones del armario estaban repletos de libretas.

 Algunas tenían tapas duras de colores llamativos; otras eran sencillas, casi tímidas.

 En total, ocho libretas y un diario. Ocho pequeñas pruebas de que su vida era mucho más grande que sus pensamientos.

Así que, cuando su mente comenzaba a disparar de nuevo...

—Eres una perezosa.
—¿Quién te crees para dar consejos?
—¿Quién va a querer escucharte?
—Hoy no has hecho ejercicio.
—Tu tripa sigue ahí.
—¿Por qué estás triste? ¿Qué derecho tienes?

Ella cerraba los ojos.

Entonces veía aquellos cuatro cajones.

Y recordaba.

Recordaba todo lo aprendido en las sesiones con su terapeuta. El miedo al que se enfrentaba cada lunes y cada jueves al subir al metro rumbo a su nuevo centro de yoga. 

La ilusión con la que había preparado la decoración de Nochevieja y la felicidad de sus invitados al verla. 

Los libros leídos, las enseñanzas que habían echado raíces, los domingos dedicados al autocuidado, los hábitos que había conseguido sostener y, por encima de todo, la reconciliación con su hermano.

Cada recuerdo era una evidencia.

Cada libreta, un testigo.

Cada página escrita desmontaba una mentira que su mente insistía en contarle.

Y uno a uno, aquellos juicios eran catapultados al olvido, hasta que la serenidad regresaba y el orgullo volvía a ocupar el lugar que tanto esfuerzo le había costado conquistar.

Había aprendido que todo pensamiento deja una huella inmediata en el cuerpo y en el ánimo.

Pero también había descubierto algo aún más importante: no estamos obligados a creer todo lo que pensamos.

Podemos elegir qué pensamientos alimentar, cuáles cuestionar y cuáles dejar marchar.

Ese era su verdadero superpoder.

No leer la mente de los demás.

Sino aprender a leer la suya.

Interpretarla sin miedo, discutir con ella cuando mentía y, finalmente, dejar todas esas mentiras encerradas para siempre entre las páginas de sus libretas.




Comentarios

  1. Qué bien escribes Alicia! Ni Tte has planteado escribir un libro???

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ohh, muchas gracias por tu comentario!!
      No lo descarto, ja ja

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

HOGAR

  La luz entraba tímidamente a través de los balcones, que miraban con quietud los primeros rayos de sol que iluminaban la calle Jorge Juan. Los techos altos, las molduras post modernas, el suelo de madera de sabina, todo entremezclado convertía su hogar en un sueño recurrente. Todas las habitaciones disponían de luz natural, fue lo primero que la enamoró, cuando hizo la visita con el agente inmobiliario. Cada una de ellas se convirtió en hogar, en el lugar seguro al que poder volver siempre que lo necesitara. "Existe un proverbio Indio que dice que todos somos una casa de cuatro habitaciones. La física, la mental, emocional y espiritual. La mayoría de nosotros solemos vivir en una sola habitación, casi todo el tiempo, pero no debería ser así, y hasta que no visitemos las cuatro habitaciones no seremos una persona completa." -  Rumer Godden -  Huelga decir que hacía tiempo que ella era una persona completa. Durante muchos años tuvo habitaciones cerradas a cal y canto, has...

TORMENTA PERFECTA

  La predicción del tiempo apareció en la pantalla de su móvil: ¨Probabilidad alta de tormentas eléctricas durante los próximos tres días." Sus ojos leyeron el mensaje , pero fue su cuerpo quien reaccionó primero. Su sistema nervioso aún no había  procesado el miedo cuando  los músculos se le estremecieron, anticipando lo que podría ocurrir.  Y su talón de aquíles gritó con desesperación, esta vez no vas a poder huir.  Todas la tormentas tienen su causa y efecto.  Pero no todas tienen el poder de atravesar cada capa de la epidermis. Todas no.  Las eléctricas si. La  neuralgia surgió de nuevo, detrás justo del nervio occipital , de ahí su nombre. Una neuralgia capaz de borrar  sus recuerdos. Contador a cero. Aquella tormenta anunciada sería ,casi ,una tormenta perfecta. Ya no sabía que debía sentir. Que debía recordar. Donde empezaba la felicidad. Si habría un futuro sin lágrimas, o que se suponía debía esperar de la vida.  Solo tenía la ...

EL GALARDONADO, ELSINA

                                            " EL GALARDONADO" Sabía que tenia que ir y esa certeza convivía con unas ganas completamente inexistentes.  Era la primera vez que entregaba un premio a la trayectoria profesional en el marco de una cena benéfica.  Ni siquiera sabía quién era el premiado. La bañera estaba a punto de desbordarse así que cerró el grifo con cuidado. El nivel del agua era el justo. Había calculado con precisión el volumen que desplazaría su cuerpo. Introdujo primero el pie derecho luego el izquierdo y despacio se sumergió. El agua estaba a la temperatura exacta. Había añadido aceite esencial de jazmín, el mismo que compró en un viaje a Marruecos. No era la primera vez que lo usaba; conocía perfectamente el aroma que después quedaría prendido en su piel. Cerró los ojos y durante unos minutos se permitió el silencio y la compañía de Van Morris...