Ir al contenido principal

GANAS DE MI





Despertar a medianoche con esa canción en la cabeza. Esa que consigue removerlo todo hasta poner los sentimientos patas arriba.

Su fuerza te cuelga boca abajo, sujeta únicamente por los pies, y te zarandea hasta vaciar tus bolsillos: recuerdos, tristezas, miedos… y también esos recursos recién aprendidos para volver a equilibrar el alma, para volver a querer y, sobre todo, para volver a entender a la tristeza.

Tanto tiempo enfadada con ella.

 Tanto tiempo sin sentarnos a tener una conversación de tú a tú. 

Y resulta que nos hacía falta.

Después vuelves a dormirte con el pensamiento acelerado, con ganas de todo. Incluso ganas de ti. 

Sobre todo, ganas de ti.

Y entre el sueño y la vigilia aparecen esos besos al aire. 

Besos llenos de libertad, como el aire que sopla en la cima de la montaña. 

Besos que llegan para quedarse: arropados en tu boca, dibujados en la comisura de tus labios. 

Besos que despiertan una fuerza que creías perdida, escondida durante demasiado tiempo en la penumbra de tus días grises.

Y ahora esa fuerza vuelve. Se cuela despacio en mis días y en mis noches, tiñéndolos de colores pastel. 

Incluso en mis sueños.

Sueños que se interrumpen cada tres horas desde que el insomnio decidió instalarse en casa sin pedir permiso. 

Sueños llenos de actores secundarios y una única protagonista.

A veces me despierto entre sudores nocturnos y sonrío al sentir a mis canes respirando a mi vera. 

Sonrío también cuando, al mismo tiempo, su mano y la mía se buscan para acariciar aquel cuerpo peludo que duerme entre nosotros, ajeno a nuestras pequeñas ceremonias nocturnas.

Y vuelvo a cerrar los ojos.

Vuelvo a dormir sabiendo que, tarde o temprano, llegará ese sueño que tanto deseo.

Un sueño con olor a bosque.

Mi bosque animado.

Y quizá, esta vez, la protagonista tenga ganas de quedarse.


Comentarios

Entradas populares de este blog

HOGAR

  La luz entraba tímidamente a través de los balcones, que miraban con quietud los primeros rayos de sol que iluminaban la calle Jorge Juan. Los techos altos, las molduras post modernas, el suelo de madera de sabina, todo entremezclado convertía su hogar en un sueño recurrente. Todas las habitaciones disponían de luz natural, fue lo primero que la enamoró, cuando hizo la visita con el agente inmobiliario. Cada una de ellas se convirtió en hogar, en el lugar seguro al que poder volver siempre que lo necesitara. "Existe un proverbio Indio que dice que todos somos una casa de cuatro habitaciones. La física, la mental, emocional y espiritual. La mayoría de nosotros solemos vivir en una sola habitación, casi todo el tiempo, pero no debería ser así, y hasta que no visitemos las cuatro habitaciones no seremos una persona completa." -  Rumer Godden -  Huelga decir que hacía tiempo que ella era una persona completa. Durante muchos años tuvo habitaciones cerradas a cal y canto, has...

TORMENTA PERFECTA

  La predicción del tiempo apareció en la pantalla de su móvil: ¨Probabilidad alta de tormentas eléctricas durante los próximos tres días." Sus ojos leyeron el mensaje , pero fue su cuerpo quien reaccionó primero. Su sistema nervioso aún no había  procesado el miedo cuando  los músculos se le estremecieron, anticipando lo que podría ocurrir.  Y su talón de aquíles gritó con desesperación, esta vez no vas a poder huir.  Todas la tormentas tienen su causa y efecto.  Pero no todas tienen el poder de atravesar cada capa de la epidermis. Todas no.  Las eléctricas si. La  neuralgia surgió de nuevo, detrás justo del nervio occipital , de ahí su nombre. Una neuralgia capaz de borrar  sus recuerdos. Contador a cero. Aquella tormenta anunciada sería ,casi ,una tormenta perfecta. Ya no sabía que debía sentir. Que debía recordar. Donde empezaba la felicidad. Si habría un futuro sin lágrimas, o que se suponía debía esperar de la vida.  Solo tenía la ...

EL GALARDONADO, ELSINA

                                            " EL GALARDONADO" Sabía que tenia que ir y esa certeza convivía con unas ganas completamente inexistentes.  Era la primera vez que entregaba un premio a la trayectoria profesional en el marco de una cena benéfica.  Ni siquiera sabía quién era el premiado. La bañera estaba a punto de desbordarse así que cerró el grifo con cuidado. El nivel del agua era el justo. Había calculado con precisión el volumen que desplazaría su cuerpo. Introdujo primero el pie derecho luego el izquierdo y despacio se sumergió. El agua estaba a la temperatura exacta. Había añadido aceite esencial de jazmín, el mismo que compró en un viaje a Marruecos. No era la primera vez que lo usaba; conocía perfectamente el aroma que después quedaría prendido en su piel. Cerró los ojos y durante unos minutos se permitió el silencio y la compañía de Van Morris...