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MI PRIMER VERANO



                                                             MI PRIMER VERANO


 Acababa de escuchar  a Erika Lust enarbolar la bandera del "mes de la masturbación". La directora de cine porno para mujeres es tan libre y tiene las ideas tan claras que siente un poco de envidia. 

Irremediablemente su pensamiento  la traicionó. En el presente se visualiza sentada encima de la mesa, con las piernas abiertas, recordando todo lo aprendido sobre su placer y su mente le recuerda su primera vez.

Lo creía olvidado y ahí apareció, tubo que limpiarlo de pequeñas telarañas y aún así su sensualidad seguía intacta...Albert, verano de 1980. 

Los veranos a los 15 es lo que tienen,  tiempo libre, mucho calor y ganas de experimentar.

Por esa época no solía pensar en los chicos, no de ese modo. No entendía esa impaciencia de sus amigas por descubrirlo todo en ese único verano. Ya habría más.

Hacía años que conocía a Albert, eran de la misma pandilla, aunque él era unos años mayor . Era hermano de  Jon con el que congenió desde el principio y se volvieron inseparables.

 Se llevaba mejor con los chicos que con las chicas, puede ser que no fuera consciente del magnetismo que desprendía, su naturalidad era contagiosa, era una contrincante a batir y seguramente todas las chicas lo sabían, todas menos ella.

El primer día que conoció a Albert estaban en la piscina del barrio, en vacaciones iban casi todos los días, el calor era sofocante en pleno julio.

Estaba con Jon haciendo carreras, pero no era lo suyo. Siempre perdía.  No le importaba, con Jon las derrotas eran dulces como el almíbar, disfrutaba viendo sus sonrisa cuando tocaba el bordillo de la piscina , se giraba triunfante y la veía llegar.

 Siempre terminaba haciéndole una ahogadilla al llegar  a su altura. Tan ensimismado en celebrar su triunfo.

Salió del agua, no por la escalera ,que siempre estaba llena de gente , le gustaba salir por el bordillo haciendo fuerza con los brazos y elevando de un empujón todo su cuerpo.

Llevaba un bañador verde flúor ,  que resaltaba su ya incipiente moreno. No era consciente de la atención que despertaba una vez en el bordillo , de pie , con los brazos en jarra, marcando su cintura y sus prominentes curvas que aparecieron a una edad temprana.  


Después de perder otra carrera más se dirigieron al césped donde estaba el resto del grupo, y allí también estaba Albert.

- Hola Albert, dijo Jon, ¿no dijiste que no venias?

- Pues mira al final, me he animado. ¿no nos presentas?

- Ah si, esta es Nora.

-Hola Nora, dijo Albert, mientras guiñaba un ojo para resistir el sol que le daba directamente en la cara.

-Hola, que tal.


Nora le miró a los ojos no sin antes hacer una parada en su sonrisa, de dientes blancos perfectamente alineados y sus labios carnosos.   

Se sorprendió teniendo esa imagen en su cabeza mientras se le erizaba la piel. No estaba segura de lo que ocurría, nunca antes su piel había reaccionado así por un chico.

-Parece que tienes frio, Nora, tienes la piel de gallina. Dijo Albert con una sonrisa de medio lado, dulce, insinuante, sin dejar de mirar sus ojos color avellana.

- Si, tengo un poco de frio ¡pásame la toalla Jon¡  gritó mientras se dirigía  a sentarse a su lado.

No volvieron a conversar en un buen rato, pero ella podía sentir sus ojos clavados en su espalda. Eso la ponía nerviosa, no entendía nada.

Después de comer decidieron tomar un poco el sol ,alinearon las toallas como todos los días, y se estaba echando la crema solar cuando Albert se ofreció a ayudarla con la espalda. Se sentó a su lado y se encontró entre Jon y Albert.

Le ofreció la crema solar y se tumbó boca abajo mientras se bajaba un poco los tirantes.

Albert sabía lo que hacía. Empezó con un masaje suave que cubría toda la espalda, los hombros , hasta que bajó levemente la mano al costado derecho rozando con la yema de los dedos su pecho, repitiendo la misma operación en el costado izquierdo.

Nora se estremeció pero intento disimular, lo bueno de nuestra excitación es que la podemos disfrutar sin ser descubiertas.

Continuó con los muslos, y sus dedos rozaron sus labios menores, su placer fue aun mas intenso. Le sorprendió que su vulva fuera tan sensible, nunca antes se había dado placer.

Sin embargo la excitación de Albert empezaba a ser indiscutible, así que se tumbó boca abajo, esperando aplacarla.

Tumbados tan cerca el uno del otro su magnetismo era brutal, y Nora lo sabía, esa tarde su mundo se iluminó y decidió aprender algo mas sobre su cuerpo.

Jon le rozaba su mano derecha y Albert la izquierda, la tarde se estaba poniendo intensa.

Los días pasaban , sudorosos, hasta la una en la calle disfrutando de las increíbles noches de verano . Nos reuníamos todos después de cenar , era algo tan excepcional que así debía ser  el paraíso.

Cada día Albert y yo intentábamos quedarnos un rato a solas, charlar, conocernos mejor, música, libros, películas...éramos tan diferentes...bueno los polos opuestos se atraen, o eso dicen.

Un Miércoles quedé con Jon en ir a su casa a ver una peli, iban a estar todos, Rodrigo, Albert, Noa y yo.

Cuando llegué Albert me abrió la puerta

- Pasa, Jon ha ido a por bebida.

- ¿no están tus padres?

-No, están en la ferretería.

En casi todas las casas había un salón que nadie utilizaba a diario, solo en bodas y comuniones y otra salita mas pequeña donde se hacia la vida diaria, en todas las casas menos en la mía. En la de Jon y Albert también.

Albert estaba eligiendo la peli, le apasionaba el cine y la música, me encantaba que contara las historias menos conocidas de los rodajes de las películas, la vida de los directores, como se creaba la banda sonora

Mientras buscaba la película me senté a su lado, en un pequeño butacón de terciopelo rojo, ideal y muy cool, pero horrible en esa época del año . 

Se detuvo un momento y me miro fijamente, me estaba empezando a sudar el canalillo y sus ojos no ayudaban nada, pero nada. Se puso de rodillas y se acercó tanto como pudo, su aliento era caliente, denso y agitado.

Nunca antes nos habíamos besado , mi corazón latía desbocado, el ritmo se aceleraba . Fui consciente de que tenía otro corazón, porque mi sexo también palpitaba por primera vez.

Nuestros labios se encontraron y creo que mi cuerpo levitó por unos segundos, justo hasta que llamaron al timbre.

-¡ Joder, que inoportuno¡

- Será Jon, ¿ no había ido a comprar bebida? pude decir jadeante.

-Si , será Jon, pero sus labios seguían a milésimas de los míos, hasta que llamaron de nuevo.

Jon entró sonriente como siempre, se olía algo porque nada mas entrar en el salón me dijo

-¿que colorada estas?

 ¿ tienes calor?  y su sonrisa se volvió malvada

- No, estoy bien.

Vimos la naranja mecánica, bueno , ellos la vieron, no pude terminarla, no entendía a Stanley Kubrick, sería un genio pero me dejo un regusto amargo, hasta lo mas profundo.

 Quizá esa era la intención.

Me fui a la cocina y me quedé en la terraza respirando un poco, calmando mis sensaciones. A los minutos llegó Albert.

- ¿Esta bien , Nora?

- Si, no te preocupes, estoy bien. Solo que no me gusta nada la peli. Es brutal, la verdad.

- Stanley Kubrick no es apto para todos los públicos.

-Eso será, me falta cultura cinematográfica, le dije sonriendo.

- No creo que te falte nada, eres perfecta así como eres.

Su brazo se asió a mi cintura y me jaló hasta volver a estar a milímetros.

-Nos van a pillar, Albert

Y sus labios atraparon los míos, ávidos de complacerme, nuestras lenguas jugaban ansiosas y mis pezones se erizaban por momentos.

Cierto que podían pillarnos, pero eso nos estaba excitando a los dos, éramos incapaces de apartarnos, la atracción era como la de dos imanes.

 Volcanes en erupción, con 15 años.

Sus manos se dejaban guiar por las mías, luchando por encontrar mis pechos, mi cuello, mi culo. Ya no había vuelta atrás. 

Sus manos encontraron finalmente mi sexo, ahuecaron mi short blanco y por un momento paré su trayectoria, mientras me decía 

-Tranquila, quiero mostrarte algo, te va a gustar, ya verás.

Y desde luego acertó, me gustó el primer orgasmo ,pero en el segundo ya estaba preparada y mi cuerpo se estremeció.

( Ahora sé ponerle nombre)

 Ese día no estaba segura de que le sucedía a mi cuerpo, porqué temblaba, y me transportaba a un lugar del que no quería volver. 

Los días transcurrieron entre orgasmos, pelis, libros a medias y besos furtivos.

 No teníamos necesidad de llegar a ningún sitio en concreto, solo dejarnos llevar, experimentar.

Conocimos el placer sin ataduras, juntos, la intimidad necesaria para pedirnos lo que necesitábamos.

 No llegamos a hacer el amor. No nos hizo falta.

¿pudo ser el mejor verano de mi vida?

SIN DUDA

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