Hacía tiempo que no conducía cuándo el viaje era largo.
Acomodada ó incomoda en el asiento del copiloto veía pasar el paisaje.
Primero castilla la mancha y por fin castilla y León.
Fija su mirada en el horizonte no podía dejar de pensar en las personas que viajaban en los coches que veía pasar, se fijaba en el equipaje, si era mucho o poco, imaginaba dónde irían, si serían familia, si serían felices, si habrían follado antes de salir de viaje; centrarse en las vidas ajenas la relajaba, ó la alejaba de la suya propia.
Luego llegaban los pueblos ,de las dos Castillas, los pueblos negros, como decía su hijo , cuándo era pequeño. "A mi me gustan los pueblos negros, como Covaleda, no quiero ir a los pueblos blancos.
Intentaba asomarse por las ventanas abiertas, pero el coche iba muy rápido.
Imaginaba la luz interior, que tendrían, echaba de menos la suya propia, hacía mucho tiempo ya que que no debía de pagar las facturas, pues estaba a oscuras.
Las chimeneas encendidas, crepitando, los orinales en cada habitación....hasta que la aparición de un corcito en la llanura de siempre le hacía dar un respingo.
Nunca podía avisar a su hija a tiempo, sonreía, lo admiraba un largo rato y siempre terminaba recordando a Bambi.
Al cabo de unos 100 km aparecían los molinos de viento, cómo los gigantes de Don Quijote.
Intentaba calcular su altura, podía ver a una Alicia de 1.60 en hombros de otra Alicia de 1,60 y así una y otra vez hasta llegar a las aspas.
Una vez vio un tráiler que transportaba una y era mucho más grande de lo que podía imaginar, la cubrirían otras tantas Alicia tumbadas.
Su manera de hacer cálculos matemáticos era un poco de aquella manera.

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