Mentiras, todo era mentira, ella no era esa mujer que había imaginado habitante de una vida en equilibrio, donde el sol nunca se eclipsa. No anhelaba autenticidad sino una perfección pulida y ajena, y tuvo que aceptar que jamás sabría habitarla. En su vida se acumulaban más tormentas de las que su cuerpo enjuto podía sostener. Su piel, ya corácea, había aprendido tarde que no todo tsunami se absorbe, algunos solo dejan cicatriz. La mujer en la que se estaba convirtiendo le resultaba extraña: áspera, cansada y gorda. No había marcha atrás. Solo quedaba abrazarla o arrojarla al vacío, una idea que regresaba con la puntualidad del desencanto. Pero incluso para eso le faltaba coraje. Hurgar en su propio abismo para sanar, creer que debía salvarse sola, la condenaba a una lenta rendición; un calvario prolongado llamado vida. Esa mañana despertó entumecida, sin la seguridad de haber dormido: ni bien ni mal, que era casi peor. Sopesó saltar durante un minuto, como había vist...
Madre de dia, Cooper de noche. El título indica claramente cómo me sentía cuando comencé. Viva la EVOLUCIÓN